María Pardo.Cabreira"Muy emocionante". Esta era la frase más repetida ayer por los cientos de personas que a lo largo del día se pasaron por el Colegio de Canide para celebrar las bodas de plata del centro. En estos 25 años, ha sido capaz hasta de ganarse un nombre. Ahora es el Luís Seoane, aunque para los alumnos y profesores siempre seguirá siendo Canide, como la península donde está situado.
Para los asistentes -más de medio millar a la comida-, ayer fue un día de nombres. Cada persona que entraba por la puerta preguntaba por Ricardo, el director, a quien las lágrimas sorprendieron en más de una ocasión. Igual de solicitado estaba el conserje, Manuel, al que todos querían saludar. Ambos llevan en el centro desde que abrió sus puertas, en 1982.
Los primeros fueron años difíciles, cuando todo estaba por hacer, aunque el momento más duro -explica el director, Ricardo Rico-llegó con el traslado de los alumnos de séptimo y octavo (primero y segundo de Secundaria) al instituto de Bastiagueiro. "Se marchó nuestra fiel infantería, los alumnos que siempre estaban dispuesto a ayudar, y para ellos también fue duro. Antes llegaban a la adolescencia en el colegio, ahora lo hacen en el instituto, un lugar mucho más impersonal", comenta el director mientras un antiguo alumnos entra en su despacho para darle la enhorabuena por sus 25 años de trabajo en el centro y la idea de organizar la fiesta.
Como si de una comida familiar se tratase, en los postres muchos se preguntaban como habría ido la boda de Damián y Fátima, que habían prometido unirse a la fiesta después del sí quiero y del convite. Precisamente para que el párroco (Don Manuel) pudiese celebrar la boda y llegar a tiempo al colegio, la misa prevista por el centro tuvo que aplazarse media hora. También ahí hubo lágrimas, porque la ceremonia estuvo dedicada a los profesores y alumnos fallecidos en este último cuarto de siglo. Una verbena puso el punto y final a una jornada de grandes reencuentros.