En el ámbito oficial se advierte un tufillo poco navideño, como si se tratara de eliminar del calendario la tradición tan trascendental que reverdece estos días. Inexplicables pretextos -ahorro energético, guiños ecológicos, etc.- no son de recibo cuando el despilfarro salarial se derrama, rumbosamente, sobre los cargos políticos. Son seguramente subterfugios ideológicos que pretenden minimizar la celebración ecuménica de la Navidad. Y así, a fuer de ser laicos, a los inductores les sale el ramalazo anticlerical, como si las fiestas de Pascua y Año Nuevo fueran de derechas.
En Galicia, la Navidad es una amable devoción, su impulso vital es un acto de fe que brilla, incluso, sobre las luces municipales, como las de La Coruña, escasas, mortecinas y de verbena lugareña. Son un ejemplo del Gobierno local, donde toma cuerpo el aburrimiento. Son una prueba de que a nuestras autoridades les va más el entierro de la sardina. Galicia, conviene recordarlo, ha sido la primera región donde se cantaron los villancicos (panxoliñas) que más tarde se expandieron por el resto de España y Portugal, favorecidos por el hecho musical de nuestro vernáculo. Basta escucharlos en los pueblos del interior, o en los marineros, a los pescadores que luchan a diario por la vida. La muerte, este año, nos dejó en la bahía del Orzán la señal del mar, cuando escalofría el invierno.
Y luces, muchas luces, son la que se necesitan para iluminar a concejales/as cuando se dirigen a los ciudadanos. Repasen si no la intervención de la edil de Cultura, en la presentación del Festival Iberojazz; la del responsable de Deportes (Localia 12-12-07), incapaz de aclarar la conveniencia de un nuevo estadio o de recalificar el de Riazor, o la de Urbanismo, que no pudo superar el postrer coloquio, a su disertación, en la Asociación de Viudas. Hacen lo que pueden, como si fueran buscadores de rentas, pero cuando la erudición no está bien cimentada, lo saludable es enmudecer, porque resulta inútil estirar la voz más allá de su agonía.
Otrosidigo
Los pluses galácticos a los altos cargos de la Diputación causan rubor. Responden, posiblemente, a la ejemplar moredación de su presidente. Alguien dijo, no sin razón, que el Senado, las Diputaciones y la OEA (Organización de Estados Americanos) son entes innecesarios. Sirven, sin embargo, para políticos ociosos y para funcionarios acomodados.