Manuel Díaz
Crítica - Transporte público
Me dirijo a usted como usuaria del transporte público coruñés. Deseo transmitir mi queja sobre el tratamiento que reciben los usuarios del transporte público por parte de la Compañía de Tranvías de esta ciudad. Ya va siendo hora de que esta concesionaria, que recibe subvenciones del Ayuntamiento (no olvidemos cómo se consiguen esas subvenciones), deje de tratar a los que usan sus servicios y abonan sus viajes como si fueran simples borregos a los que transportar. Escribo esta carta desde mi más profundo respeto por los denominados borregos, entre otros motivos porque yo soy uno de ellos.
Me dirijo a usted porque estoy harta de vivir situaciones en el transporte público que rayan con lo esperpéntico. En una semana he presenciado el patinaje de los usuarios del número 11 por estar el suelo intransitable, en esa misma semana he visto cómo todos los usuarios que viajaban desde Monte Alto con destino a Panaderas o San Andrés hacían un recorrido turístico por el paseo marítimo y eran tirados cerca de la plaza de Pontevedra sin recibir explicación alguna.
Estoy harta de protestar ante los organismos oficiales pertinentes y recibir respuestas que lo único que me demuestran es que se lavan las manos descaradamente y pasan la pelota al tejado del vecino. ¿Qué ocurriría si los sufridos coruñeses que pagan sus impuestos entraran en el mismo juego y dejaran de pagar esos impuestos?
¿Dónde estarían los inspectores de la concesionaria Transporte Público? ¿Y los jefes de servicio? ¿Y todos los demás jerifaltes de esa gran empresa? En el paro.
Pero, ¿quién pagaría el paro de esos grandes profesionales?: los impuestos, entre otros, de los sufridos coruñeses que pagan, y valga la redundancia, sus impuestos.
Gracias por darme la oportunidad de expresar mi queja.