José Carlos Alonso
Guerra sexista - Semáforos
Lamento compungir a Jacobo Sánchez porque, además de los semáforos que ya hay con anagramas peatonales con forma de mujer, ya los hay que hacen constar en pegatinas anexas que las mujeres también las hay lesbianas. Se equivoca rotundamente este señor cuando dice en esta sección que no hay ni hubo guerra sexista. Nos dice que él jamás se planteó que el muñequito representase a un hombre y no a una mujer: mentira. Lo que pasa es que era tan tierno infante cuando le hicieron entrar a fuego en la mollera la diferencia que hay entre hombres y mujeres, cómo unos priman sobre las otras y cómo se comportan de manera distinta, que ya ni se acuerda.
No nos engañemos, la guerra sexista existe. Si le preguntas teológicamente a la Iglesia si Dios es hombre o mujer te responderán teológicamente que ni una ni otra cosa. Pero este buen señor y cualquier ciudadano de occidente, tiene clarísimo que Dios tiene barba, después de haber visto miles de veces el muñequito de Dios en las iglesias, los catecismos, las enciplopedias...
El muñequito, además, no es inocente. Voy casi a diario a la piscina de San Diego. Allí tenemos dos saunas secas iguales y cada una tiene un muñequito distinto en la puerta. Qué curioso, una pared es de cristal, allí, hombres y mujeres, estamos igual de vestidos que a un metro de, en el yakuzi, y ya puede estar atiborrada la sauna con el muñequito de chico y vacía la del muñequito de chica que el siguiente macho que se acerque se mete en el hacinamiento de la sauna cuyo muñequito no tiene faldas.
Vaya que si tiene fuerza el muñequito.