SELINA OTERO | A CORUÑA
¿En tu sofá o en el mío? Sólo los que llevan dentro un auténtico Fhileas Fogg lo dan todo por practicar su pasión: explorar nuevos países y ciudades, y no para sacarse fotos en los principales monumentos, sino para impregnarse de la cultura del lugar, idioma, costumbres y adentrarse en las rutas ocultas que sólo los nativos conocen. Ese es el espíritu del verdadero aventurero, lejos del turismo de masas, que define a la perfección una nueva tendencia nacida a través de internet: el couchsurfing.
La única condición es tener un sofá libre en casa. Esa es la parte logística. El lado espiritual es quizás lo más importante: mentalidad abierta, curiosidad por conocer a otra gente y su forma de vivir y, sobre todo, estar dispuesto y disponible para acoger viajeros en tu propio domicilio, sacar parte de tu tiempo para hacer de guía turístico y enseñarles los secretos de tu ciudad y de tu vida; los límites los marca cada uno.
El couchsurfing o surfeo de sofás se ha convertido en un auténtico fenómeno social en la red en sólo tres años. La fuente de todo contacto está en la web www.couchsurfing.org. Es en este espacio virtual en el que confluyen las vivencias, las vacaciones y la oportunidad de hacer nuevos amigos por todo el mundo. Pero la experiencia no se limita a chatear o compartir aficiones vía e-mail: el objetivo es instalarse en su casa (o ellos en la tuya) durante unos días.
Puedes ser casero o huésped, aunque lo ideal es combinar ambos roles: montarte tus vacaciones en cualquier parte del mundo con un anfitrión de excelencia y, por otro lado, acoger inquilinos cuando tus compañeros lo deseen. Fomentar el intercambio cultural y explotar la vena antropológica que esconde todo trotamundos forma parte de la filosofía de los surferos de sofá. Los amantes de esta nueva tendencia cuelgan sus perfiles en la web para buscar compañeros de viaje que encajen con su personalidad. "Acabas compartiendo techo con alguien desconocido. Es preciso conocerse por internet, ver si tus aficiones coinciden para que la estancia sea perfecta y haya feeling", explican los couchsurfers.
Ruy Andrade vivía en Londres cuando una amiga australiana le comentó que se había recorrido toda Europa en tres meses de casa en casa. "¿Qué dices? ¿Bromeas?", contestó Ruy. "Si te interesa métete en esta web".
Así empezó el contacto de Andrade con el universo del surf de sofá. Desde entonces viajó a Bombay, en la India, y a la capital de Tailandia, Bangkok. "En Bombay me alojó un chico que era americano y en Bangkok un chico de Tailandia. Fue muy curiosa mi estancia en Tailandia: el chico que me alojó era un actor superfamoso en su país y yo no tenía ni idea. El tiempo que estuve allí, me llevaba con él a todos los sitios, a los mejores restaurantes, a las mejores discotecas. No era normal: lo paraban por la calle y todo eso, hasta que me confesó que era actor. Como estábamos juntos, la gente debía pensar que yo también era alguien importante en mi país, no sé. Fue gracioso y, sin duda, una experiencia inolvidable", recuerda Ruy Andrade, quien añade que esta es una de las sorpresas que puede depararte el couchsurfing: "Un día te ves durmiendo en un sofá en cualquier parte del mundo, o incluso en el suelo con gente muy humilde que te abre sus puertas y, como me ocurrió a mí en Tailandia, otro día un tío importante te cede una suite en su casa y te pasea por la alfombra roja". Fueron sólo tres días pero a Andrade le han quedado grabados. "De momento yo he acogido a dos chicas polacas, dos americanas y a un chico portugués. Tengo una habitación en casa de mis padres en exclusiva para alojar a mis viajeros y sólo lo hago cuando tengo tiempo libre, para poder enseñarles Vigo", argumenta Ruy. No es una ciudad fácil para los turistas-viajeros. "Las estaciones de bus y de tren no están en el centro. Demasiadas cuestas. Casi nadie habla inglés. Yo les ofrezco las vistas desde O Castro y A Guía. También los llevo a playa América, a Baiona o al Náutico. Creo que les sorprende por el paisaje de la ría y el ambiente. De todas formas, la gente que viaja en este plan viene predispuesta a pasárselo bien y a entender la forma de vivir de otros lugares. No es muy difícil empatizar con ellos y ellas". Ruy Andrade es una pieza clave del couchsurfismo en Galicia. De hecho, ha sido el promotor de la primera quedada de surferos de sofá en la comunidad gallega. "Tuvo lugar el pasado mes de junio en las Islas Cíes. Fue todo un éxito. Me ayudó a organizarla un madrileño a través de la web. Al final, fuimos capaces de reunir a 100 personas en las Cíes procedentes de 50 países, desde chilenos hasta estadounidenses, muchos gallegos y también gente de otras autonomías de España. Pasamos un fin de semana mágico", recuerda Andrade. "Queremos crear un eje Atlántico porque tenemos muy buen rollo con Portugal", dice.
"Me he encontrado con gente muy curiosa. Una joven austriaca que se acababa de divorciar e hizo el Camino de Santiago para pasar página en su vida. Pero lo hizo de un modo especial: con el vestido de novia puesto y cuando llegó a Fisterra lo quemó. Se sintió totalmente liberada, según sus palabras. También alojé en mi casa a una canadiense de 90 años que vino a Santiago tras los pasos del Apóstol. ¡Tenía una vitalidad y un humor que ni te imaginas!". Marcos López, un compostelano de 45 años que se dedica al sector de la cartografía, ha hospedado en su hogar a unas 300 personas en cuatro años. "El 70% viene de países europeos pero también he cedido una de mis habitaciones a gente de Australia, Canadá, Corea, China, Japón o Suráfrica. Se pasan una media de tres días y yo diría que el 40% de la gente que viene a Compostela es por el Camino . Al menos es lo que yo percibo", cuenta López. Para este couchsurfer, la única recompensa es "la vivencia personal".
"Aceptamos gente divertida y alegre. Tenemos una cama y dos colchones en el casco antiguo de Santiago, donde vivimos Fer y yo. Aquí hay muchos bares y movidas culturales". Así se define esta pareja de Buenos Aires y residente en Compostela en el perfil que han creado juntos en la web de couchsurfing. "Amargos abstenerse", añaden. Ella es cocinera y él constructor. Siempre que pueden dan alojamiento a gente interesante y aprovechan para hacerse sus viajes. Según su profile, ya han estado en Chile, Perú, Italia, Cuba, Venezuela, Brasil, Portugal y varias comunidades de España. En el apartado de intereses y hobbies, Laura, tomando la iniciativa, ha escrito: "Nos gusta conocer gente linda y compartir su cultura. Apasionados de las comidas del mundo. A mí me encantan los gorros de cocinera y Fer quiere que le regalen gorras y pañuelos de todo el mundo porque los colecciona. Fer dice que él da clases de amistad y de alegría. Yo soy buena y me adapto a cualquier tipo de situación".