JULIO PÉREZ | A CORUÑA
Por el camino se quedó la intención del bipartito de sacar un decreto para regular la atención a la diversidad entre el alumnado gallego, uno de los principales y más delicados quebraderos de cabeza hoy en el sistema educativo. El Consello Consultivo, los asesores legales de la propia Xunta, tumbaron el proyecto por el "cúmulo de defectos" que arrastraba. Ante el arranque del curso, el nuevo Gobierno gallego intenta parchear el vacío normativo con una circular que acaba de enviar a los centros y en la que, entre otras medidas, apuesta por "aulas de atención educativa y convivencia" para los jóvenes de secundaria que "impidan el normal desarrollo del trabajo en su grupo o clase".
Para los estudiantes conflictivos, que en lugar de pasar la expulsión en el pasillo o en el patio, irán a este tipo de clases con una lista de deberes marcada por el profesor que los echó. ¿Quién se encargará de vigilarlos? La iniciativa nace coja. Serán los docentes que en ese momento estén de guardia. No habrá educadores específicos, así que los directores de secundaria avisan de que será muy, muy complicado cubrir los turnos.
"Hay muchos centros que tenían problemas ya para las guardias y con el recorte de profesorado de este año, todavía más -advierte José Ángel Suárez, portavoz de los directores de centros de secundaria en Galicia-. Yo, por ejemplo, apenas tengo margen". Quizás porque la propia Consellería de Educación es consciente del difícil equilibrio en las plantillas de los institutos, finalmente entre las tareas de las aulas de atención educativa no se abordará, como estaba previsto, la importancia de los valores y el comportamiento.
Los máximos responsables de los centros ponen el grito en el cielo con la situación que se puede vivir en las clases con "siete, diez, quince alumnos, los que sean" , con "problemáticas diferentes" y en las que se pueden mezclar "desde el que tiene un mal día al que no quiere estudiar". "La planificación de la atención a la diversidad no se hace así -señala Suárez-. Todo esto queda a expensas de la disponibilidad del centro".
La circular incluye la obligación de avisar a los padres o tutores legales del alumno expulsado. El "procedimiento" para hacerlo se deja en manos de los jefes de estudios. La notificación tendrá que hacerse cada vez que el estudiante acuda al aula de atención educativa y con una explicación del motivo.
Alumnado extranjero
La tercera pata en la que se asienta la última circular de la Consellería de Educación es la atención a los estudiantes inmigrantes. Cada uno de ellos debe pasar por una evaluación al comienzo del curso para detectar qué necesidades tiene. La Xunta recuerda las dos puertas abiertas a los centros para que organicen grupos de adquisición de lenguas o de adaptación curricular, previstas ya desde 2004. Cuando la situación sea todavía más complicada y el alumno o bien no alcance el nivel mínimo que le correspondería con su curso o desconozca el gallego y el castellano, el centro deberá poner en marcha un "programa específico y personalizado" y el profesor que imparta el área en el curso en el que el extranjero esté matriculado deberá encargarse del seguimiento.
A los directores gallegos no les convencen las soluciones que ofrece el departamento que dirige Jesús Vázquez y piden la creación de "centros de inmersión" que permitan a este colectivo de alumnos dar el primer paso en el sistema educativo gallego para lograr su adaptación.
"La correspondencia de cursos con respecto a muchos países no tiene nada nada que ver", explica José Ángel Suárez. Sobre todo con algunos latinoamericanos. "Por eso pedimos que en aquellos casos en los que no sea posible matricular al estudiante en el nivel que le correspondería por edad porque le faltan conocimientos, se haga en cursos inferiores", añade el presidente de la Asociación de Directores de Enseñanza Secundaria de Galicia.
La lengua, dice, "es ya una historia todavía más complicada". "Hasta el más tonto entiende que los niños inmigrantes necesitan una atención especial si estás realmente dentro del sistema educativo", se queja. "La Administración" -continúa- "insiste en que no hay mejor manera de aprender el idioma que meterles en clase entre compañeros, pero, ¡si hay ocasiones que ni entendemos que quieren ir al baño!".
Además, los directores de los centros de Enseñanza Secundaria de Galicia lamentan la falta de personal especializado en los colegios, sobre todo en aquellos en los que se concentra un mayor volumen de escolares procedentes de otros países.
"La Consellería de Educación debería elegir tres o cuatro centros de referencia en las zonas donde se concentra un mayor porcentaje de población inmigrante para crear puntos de inmersión lingüística para apoyar la integración de estos alumnos", apunta José Ángel Suárez.