MARÍA DE LA HUERTA | A CORUÑA
Llevo ocho años dando clase de Inglés. Cinco como interina en la Comunidad de Madrid y tres aquí, en Galicia, desde que aprobé la oposición. He pasado un curso en el instituto de Pastoriza, en Arteixo, y dos, en el Salvador de Madariaga, en A Coruña. Ahora acabo de incorporarme al instituto Fernando Wirzt Suárez, donde enseñaré a alumnos de 1º y 2º de ESO. Me apasiona mi trabajo, aunque creo que hay bastantes cosas que deberían mejorar. Uno de los principales problemas que veo en el día a día de mi profesión es la falta de motivación de los alumnos, debido en parte a un sistema educativo que les obliga a permanecer en la escuela hasta bien entrada la adolescencia. Esa desmotivación es la que provoca, muchas veces, los conflictos. También la actitud de la mayoría de los padres, que suelen creer a ciencia cierta lo que les cuentan sus hijos aún a costa de desprestigiar a la figura del profesor.
. Inicio del curso. Ya tengo ganas de empezar el curso. Los dos meses de vacaciones de verano, al igual que los parones de Navidad y Semana Santa, son necesarios para desconectar, pero me encanta mi trabajo y, a estas alturas, tengo mono de aula. Siento curiosidad por conocer a los alumnos, y también me apetece ver cómo me reciben. Llevo ocho años dando clase y, por fortuna, todavía no estoy quemada, aunque sí conozco a muchos compañeros que lo están, algunos incluso llevando menos tiempo que yo. Cada vez tengo más claro que no todo el mundo vale para ser profesor. Muchos se meten en esto para tener un puesto de trabajo fijo, pero la docencia debe ser vocacional. En mi caso lo es, siempre tuve claro que quería enseñar, y ni un solo día me arrepiento de haberme dedicado a esto.
. Relación con el alumnado. Ahora hay una mayor aproximación del alumno al docente, estamos en una esfera más cercana, pero hasta cierto punto. Algunas alumnas, sobre todo chicas, se acercan a mí para contarme temas personales y pedirme consejo. Yo intento echarles una mano en lo que puedo, pero manteniendo una cierta distancia. Siempre he pensado que cada uno ha de ocupar su espacio, y que el profesor no puede ni debe extralimitarse de su principal cometido, que es enseñar. La función de educar e inculcar valores a los chavales les corresponde, en primer término, a los padres.
. Desmotivación. Una parte importante de los problemas que se producen en las aulas se debe, principalmente, a la falta de motivación de los alumnos. Y de esto somos responsables, en parte, los profesores, pero también el actual sistema educativo, que obliga a los chavales a permanecer escolarizados hasta, como mínimo, los 16 años. Antes, la etapa de educación obligatoria finalizaba a los 14 (el antiguo 8º de EGB), y el que, a partir de ahí, no quería seguir estudiando se pasaba a FP. Hoy las aulas de ESO están llenas de chavales que no quieren estar ahí, y que aún encima van promocionando de curso en curso con un montón de asignaturas suspensas a sus espaldas. No se trata de juzgar el actual sistema ni de mirar hacia el pasado, lo que tenemos ahora es lo que hay, y punto. Lo que sí deberíamos hacer, entre todos, es tratar de buscar soluciones, porque en esa desmotivación del alumnado es donde se encuentra, muchas veces, el origen de los conflictos que se producen en las aulas.
. Conflictividad. He trabajado varios años en Madrid y allí se producen muchos más enfrentamientos entre los alumnos y los profesores. En Galicia, las situaciones de violencia son puntuales. Yo nunca he tenido que hacer frente a un conflicto de ese tipo, y tampoco ninguno de mis compañeros de centro. La mayoría de los problemas, por fortuna, se resuelven en el aula. Y si la coyuntura va a más, se recurre al claustro de profesores o al consejo escolar, aunque lo habitual es que no sea necesario.
. Falta de respeto. Puede que sí se haya perdido cierto respeto a la figura del profesor, o que quizás éste haya dejado de ocupar la posición que tenía tradicionalmente. Y no me refiero al hecho de tratarlo de tú o de usted. Este debate, desde mi punto de vista, ya está totalmente superado y obsoleto. La solución no está en llamar de usted al docente, eso es sólo una cuestión de formas, no de contenidos. Aunque sobre este aspecto concreto tampoco creo que se pueda generalizar. Cada alumno es un mundo, una pequeña cabecita pensante con su forma de ser y de actuar y al final, la mayoría, sabe estar en su lugar.
. El papel de los padres. Una parte importante de la pérdida de autoridad por parte del profesor se debe al comportamiento de los padres. Cuando se produce un conflicto con un alumno, el padre o la madre raramente se posicionan al lado del profesor. Siempre defienden a sus hijos, hagan lo que hagan. Confían demasiado en los chavales y desautorizan la palabra de los profesores. Cuando hablas con ellos y ves este tipo de actitudes, comprendes por qué los chavales se comportan así: porque es lo que han visto en sus casas.
. Ratios de alumnos por aula. Desde mi punto de vista, uno de los mayores problemas que tiene el sistema educativo gallego, y el español en general, es que las aulas de algunos centros están bastante saturadas. Hay demasiados alumnos por clase, y así resulta mucho más complicado que se centren en las asignaturas. Cuando estuve en el instituto de Pastoriza, por ejemplo, tenía treinta alumnos en clase. Una barbaridad. Por eso, los profesores pedimos a la Administración educativa que contrate a más personal para descongestionar un poco las aulas. Es una demanda que viene de lejos. No se trata de un tema laboral, que también lo es, sino de una necesidad real para mejorar el rendimiento académico de los alumnos y, ya de paso, suavizar el ambiente en las aulas.
. Nuevas tecnologías. Hay muchas mejoras que son necesarias y que todavía no se han realizado en los institutos. Faltan medios audiovisuales en las aulas, y también ordenadores. Esta circunstancia está muy relacionada con las ratios de alumnos a las que hice referencia. Cuando yo estudiaba, había un ordenador por cada seis u ocho compañeros. Hoy, afortunadamente, no es así, pero tampoco hemos alcanzado todavía la situación óptima, de un PC por cada alumno. Por otro lado, creo que para atraer la atención de los chavales hay que innovar, ofrecer alternativas más atractivas a lo que viene siendo habitual. Por ejemplo: en asignaturas como la que yo imparto, Inglés, la interactividad y la utilización de contenidos multimedia son fundamentales. Pues pongamos los medios para que las clases puedan darse así, sin necesidad de que todo se reduzca a hacer los ejercicios del libro y a dictar apuntes. A los adolescentes de hoy en día les encantan las nuevas tecnologías -de hecho, la mayoría se pasan el día colgados al ordenador, al MP3 y al teléfono móvil-, por eso creo que introducirlas en las clases sería una buena forma de despertar su interés por las materias, sobre todo, por las que se les hacen más pesadas.