ÁGATHA DE SANTOS | VIGO
En su segundo desfile en Cibeles y con una más que consolidada carrera en Francia -donde ha participado en varias ocasiones en la Semana del Prêt-á-Porter de París y es miembro de la selecta Federación Francesa de la Costura desde 2008, como lo fueron también Cristóbal Balenciaga y Paco Rabanne- José Castro (A Cañiza, 1971) obtuvo ayer el Premio L'Oréal a la mejor colección presentada en la cincuenta edición de Cibeles Madrid Fashion Week.
-¿Piensa en emocionar cuando está ideando una colección?
-Yo creo que cuando haces las cosas con tanto cariño y poco medios pero cuentas con gente que se involucra, éstas salen bien. Yo tengo la suerte de contar con el apoyo de mi familia, del equipo de trabaja conmigo, también con los esponsor, que me han facilitado los objetos de reciclaje: las alarmas de las tiendas Berska, gafas Marchon, pedrería de Swarovski? Como dice el refrán, Dios apreta pero no afoga. Una colección la hago bien o no la hago. Prefiero que, si no puede llegar a la calidad que quiero, dejarla y no presentarla.
-En sus propuestas emplea piezas de desecho para crear un 'estilo retrofuturista'. ¿Qué intención tiene este reciclaje?
-Quiere decir que llevamos tanto tiempo viviendo con desechos y a mí me gusta darles a las cosas otro uso, reutilizarlas, reinventarlas? Y ahora con la crisis, al igual que pasó en el 29, vuelve el efecto trampantojo, crear un lujo con cosas cotidianas, como esas chaquetas confeccionadas con cosas encontradas en la basura como imperdible. Es el nuevo lujo a través de engañar al ojo. Antes la gente arreglaba la ropa de su abuela; incluso hoy se hace...
-¿Por la crisis vamos a tener que desempolvar el abrigo de la abuela?
-No. Ahora hay tanto tirado que hay que buscar nuevas alternativas. En crisis es cuando hay más ingenio. La lección que sacas de la crisis es que tienes que reinventarte.
-¿No dicen que en moda está todo inventado?
-Sería muy triste. Todo es cíclico: lo que un día resultó hortera hoy es fashion y viceversa. Todo objeto hortera puede volverse bonito.
-¿Por qué tituló la colección con el nombre de Aurora?
-Teníamos un restaurante en A Cañiza y Aurora, una guacamayo de color verde y azul, era su alma. Nos lo robaron hace tres o cuatro años y nunca más supimos de ella. Nos dio mucha pena que nos la robaran porque durante muchos años vivió con nosotros. Era uno más de la familia.
-Es un viaje hacia lo exótico. ¿Hacia algún sitio en concreto?
-Es una huida de lo que está pasando hacia algo más bonito, como metáfora de la libertad de la selva. Me ha gustado mucho hacerla porque me he sentido muy apoyado.