AGENCIAS | OVIEDO
La ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, última para el actual director de la Fundación, el periodista Graciano García, se convirtió ayer en un alegato en favor de la libertad, el desarrollo, la solidaridad internacional, el esfuerzo individual y la defensa de la salud. Los galardonados en las ocho categorías recibieron el apoyo de los ciudadanos que se agolpaban en las calles para seguir la ceremonia y arropar a sus protagonistas.
Ideador y artífice del proyecto, Graciano García puso en marcha la Fundación Príncipe de Asturias en 1980 con el apoyo del entonces secretario general de la Casa del Rey, el general asturiano Sabino Fernández Campo. El objetivo era consolidar los vínculos existentes entre el Principado y el Príncipe de Asturias y contribuir a la promoción de los valores científicos, culturales y humanísticos. Este año, tras 29 en el cargo, abandonará lo que considera el proyecto más importante de su carrera profesional.
Bajo un cielo gris pero sin lluvia, como manda la tradición, los galardonados en las ocho categorías de estos Premios, instituidos en 1981, llegaron al Teatro Campoamor pasadas las 18 horas, arropados por los cientos de curiosos que se agolpaban en los 800 metros que separan el Hotel de la Reconquista del Teatro Campoamor.
Tras ellos, en torno a las 18.30 horas hicieron su aparición los príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, acompañados por la Reina y por una invitada de ésta, la princesa Alia de Jordania.
Gaitas, tambores y panderetas acompañaron también la entrada de las diversas autoridades nacionales e internacionales que cada año viajan a Oviedo con motivo de la entrega. Los Ministros de Cultura, Ángeles González Sinde, Educación, Ángel Gabilondo y Sanidad, Trinidad Jiménez y la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, entre otras autoridades, fueron recibidos a su llegada al Teatro por el presidente y el director de la Fundación Príncipe de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte y Graciano García, respectivamente.
Tras la apertura del acto, a cargo de don Felipe, y los discursos de Rodríguez Inciarte, Ismaíl Kadaré, Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el rector de la Universidad Nacional Autónoma de (UNAM), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, los galardonados fueron subieron a las tablas del Teatro para recoger de manos del Príncipe la insignia y el diploma. Cada uno de los ocho Premios Príncipe de Asturias está dotado, además , con cincuenta mil euros y una escultura creada expresamente por Joan Miró para estos galardones.
En su discurso, el escritor albanés Ismail Kadaré, reconocido con el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2009, recordó ayer la popularidad del Quijote de Miguel de Cervantes en el régimen comunista albanés, como ejemplo de independencia de la literatura y el arte frente al mundo real, con el que se encuentra en permanente conflicto, según el literato.
José Ramón Narro, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009, aseguró ayer, momentos antes de recoger el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009 que "la crisis que enfrenta la población mundial requiere de una revisión a fondo de los valores que transmitimos a los jóvenes en virtud de que la desigualdad y el rezago afectan en el mundo a miles de millones de personas".
Tercera en intervenir, la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2009, Margaret Chan, señaló la necesidad de una "mayor justicia" a la hora de compartir los beneficios de los avances médicos y aseguró que al honrar la labor de la OMS, el galardón apoya también esa exigencia.
Por su parte, el alcalde gobernador de la ciudad de Berlín, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009, Klaus Wowereit, defendió durante su turno de palabra, ante la audiencia del Teatro Campoamor de Oviedo, que Berlín pasó de ser la capital de la Alemania Nazi, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, a una ciudad de cambio, con un ambiente abierto y tolerante.