AGENCIAS | MADRID
La fiesta del Halloween no gusta nada a la Iglesia católica. La fiesta de las brujas en las que miles de personas, fundamentalmente en Estados Unidos, se visten de duendes, fantasmas y demonios empieza a echar raíces en España, en gran medida por la gran potencia comercial que lo propulsa.
Los prelados católicos no son indiferentes ante este nuevo fenómeno y han lanzado su voz de alarma. Así, el obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor José Sánchez, alertó ayer del riesgo de que esta fiesta es "un rito importado, de origen pagano", y por ello no puede "desplazar costumbres cristianas, arraigadas y beneficiosas para la sociedad", en alusión a la Festividad de Todos los Santos.
En su misiva semanal para los fieles de su diócesis, Sánchez llama la atención sobre la introducción en España de esta costumbre que tiene una especial influencia en los más pequeños de la casa.
"Si todo quedara en juego de niños, con sus regalos y travesuras... Pero también podemos correr el riesgo de que, a impulsos del comercio, del consumo y de la moda, costumbres como ésta, paganas, importadas, prevalezcan y hasta desplacen las costumbres cristianas", señaló el obispo.
En similares términos se pronunció el secretario de la comisión episcopal de la Liturgia, Joan María Canals, quien asegura que Halloween "no es una fiesta inocente" al detectar en ella "un trasfondo de ocultismo y anticristianismo".
Frente a la potencia que esta celebración de origen irlandés es adquiriendo en España, sobre todo entre los más pequeños que salen a la calle ataviados con tétricos disfraces, Canals defiende que "por sentido pedagógico, es necesario que los niños descubran el valor de la vida y la bondad, y no fomentar la muerte. Los padres deben ser conscientes y encauzar el sentido de la fiesta hacia lo bueno y la belleza, en vez del terror, el miedo y la misma muerte".
El día 1 de noviembre, la Iglesia católica celebra la festividad de Todos los santos, es decir, "la santidad de Dios en los santos", advierte el padre Canals, quien advierte que, en la tradición cristiana, el 2 de noviembre está reservado para recordar a los difuntos.