AIDA MOSQUERA | A CORUÑA
La Sanidad Ambiental, que durante muchos años ha sido un cajón de sastre para la sensibilidad social, aborda hoy en día retos concretos como la influencia del territorio en la salud, el estado del conocimiento de los problemas más clásicos, las radiaciones naturales y hasta el cambio climático. Son temas que se han tratado en el congreso sobre La innovación, instrumento para la sanidad ambiental, que finaliza hoy en el Palexco.
La mayor parte de las campañas para la concienciación social sobre el cuidado del medio ambiente giran en torno a la contaminación del agua y del aire. Son cuestiones sobre las que cada vez existen más investigaciones y, por tanto, experiencia en el abordaje de los problemas ambientales que tienen repercusión en la salud.
En Galicia hay instalados doscientos complejos que controlan las emisiones de productos contaminantes que se dirigen a la atmósfera, al agua y a la tierra. En concreto, las estaciones que vigilan la calidad del aire sitúan a la comunidad gallega entre las venteadas por un aire "más sano". Según el director del Laboratorio de Medio Ambiente, José Gil, en la entrada de Galicia podría ponerse un cartel con la inscripción "Bienvenido a Galicia, respire", aunque sea una realidad que, en ocasiones, el olor de las ciudades no se caracteriza por ser agradable, pero "el mal olor no significa que esté contaminado", añade Gil.
En cuanto a las repercusiones sanitarias de la calidad del agua, Damià Barceló, profesor en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, explica que los residuos de medicamentos en el agua de los ríos "no supone un riesgo para las personas, sino para la biodiversidad del propio río".
Además de analizar los fármacos encontrados en el Ebro y el Llobregat, los estudios de Barceló concluyen que, en función de los datos sobre las drogas que también contaminan los ríos, puede determinarse el nivel de consumo de estas sustancias que existe en un territorio.
Estos expertos en el control de la sanidad ambiental coinciden en la necesidad de controlar, por una parte, las emisiones que realizan las empresas e industrias y, por otra, el funcionamiento de las mismas y de las depuradoras para eliminar "lo más posible" todo tipo de residuos y agentes contaminantes.