ANA RAMIL | A CORUÑA
Pasan las 24 horas del día en busca de cualquier detalle que revele qué es lo que se va a llevar la próxima temporada y que convierta en éxito de ventas una colección. Son los coolhunters o cazatendencias, una especie de espías de la moda que recorren todo el mundo para observar a la gente de la calle o las tiendas más punteras con el objetivo de adelantarse a las vanguardias y trasladar las últimas tendencias a los armarios españoles. Pese a que cada vez hay más profesionales de este tipo, la mayoría de diseñadores y firmas de textil de A Coruña prefieren trabajar a la vieja usanza: ser ellos mismos los que salen a la calle en busca de inspiración.
Quienes defienden esta postura aseguran que el trabajo de cazatendencias es algo inherente al de diseñador y que hacer una colección es un asunto demasiado personal como para que el eje central dependa de la visión de un ajeno. "Es un trabajo muy personalizado y que, en mi caso realizo con mis hijas. Depende del diseñador no del tamaño de la empresa y por ello, modistos como John Galliano o Karl Lagerfeld acuden en persona a las tiendas para ver las últimas tendencias", señala la diseñadora coruñesa María Freyre, quien añade: "Sin embargo, cuando trabajaba con mi marido Antonio Pernas y teníamos un equipo grande, sí había gente especializada en este campo". Una opinión que comparte la también diseñadora María Barros: "El fin de cualquier modisto es en cierta forma huir de las tendencias para crear la tuya aunque es evidente que tenemos que informarnos de lo que ocurre en el sector. Creo que la figura de cazatendencias está más vinculada a empresas que realizan un trabajo más industrializado".
Con esta teoría bajo el brazo, el diseñador-cazatendencias apenas desconecta del trabajo en su vida diaria. "En cualquier sitio y de forma inconsciente, cuando sales por la noche o paseas por la calle re te fijas en qué colores lleva la gente, los tejidos...", señala la coruñesa Loreto Muiño, diseñadora para la firma Misako. Pero buscar los más novedoso no es fruto del azar. Lo primero es determinar el tipo de clientes a los va dirigida la nueva colección. Una vez fijado el objetivo toca empaparse de todo lo que rodea a esa población.
Un trabajo de campo que comienza por acercarse a quienes reúnen las mismas características que nuestro público objetivo. Para ello hay que patear la calle y hay ciudades que siguen marcando las pautas. Tokio, Londres y Nueva York es el destino de quienes buscan las últimas tendencias entre la juventud y Milán y París para quienes opten a un cliente más exquisito. "España no es por tradición un país de moda, hay lugares donde se viste muy bien desde hace décadas y son un lugar de referencia", señala María Freyre. Una idea que no todos comparten. "Las grandes ciudades españolas como Madrid y sobre todo Barcelona también marcan un poco por donde va a ir la moda de la próxima temporada", señalan desde el equipo de Kina Fernández, donde también centralizan en la diseñadora y sus hijas la función de coolhunters.
Y una vez en la calle, ¿cómo saber qué es lo que puede triunfar entre los coruñeses? Los cazatendencias aseguran que no hay una regla básica pero aconsejan fijarse en cada detalle. "Hay que ser muy observadores y anotar todo: si analizas a la gente joven, desde el maquillaje que se ponen, las revistas que leen, las series que triunfan, la música que escuchan pueden ser útiles", señala la diseñadora Lucía Veiga, que trabaja para Etiem, la firma coruñesa de Javier Cañás. Cualquier información sobre los gustos del consumidor es válida e incluso los famosos son un punto hacia donde mirar. "Futbolistas y actores marcan tendencia entre la población", señala Veiga, quien pone un claro ejemplo: "Etiem tenía una camisa blanca con botón negro para caballero desde hacía meses y en cuanto Guardiola apareció con una similar se incrementaron las ventas".
Pero no sólo la calle es útil. Los cazatendencias viajan por todo el mundo para conocer también qué ofrecen las tiendas más allá de los Pirineos. "Es fundamental hacer shopping, mirar qué se vende en las ciudades de referencia para ver qué colores o tejidos se llevan", señalan desde Etiem. Y aseguran que no se trata de copiar sino simplemente de espiar. "En este mundo como en casi todas las profesiones unos espiamos a otros, para conocer lo que hace el sector", indica Veiga. En algunos casos, los modistos compran alguna prenda que servirá para inspirar sus nuevos diseños. "Suelo ir en busca de prendas antiguas para mi archivo particular", señala María Freyre. Pero en la mayoría, se limitan a anotar ideas que personalizarán para llevarlas a sus próximas colecciones.
Al trabajo de calle hay que unir la información que cualquier modisto puede recibir por internet, las ferias de moda y lo que recogen en sus propias tiendas. "Hoy en día hay muchísimos blogs y páginas especializadas en moda, donde los diseñadores nos fijamos y que, en ocasiones, te informa de lo que ocurre en otras ciudades sin necesidad de desplazarte", señala Lucía Veiga de Etiem, quien añade: "Pero es fundamental ver lo que los clientes demandan en las tiendas y no sólo sobre el producto sino también sobre el precio". "Kina y sus hijas también acuden a ferias de tejidos o pasarelas para ver las prendas más novedosas", señalan desde la firma Kina Fernández.
Porque la base de la que parten los cazatendencias es que la moda no se instaura desde las tiendas sino que es la gente de la calle quien tiene el poder. "Hay que observar cómo se viste la población para adaptar tus prendas", señalan desde Kina Fernández. "No se puede ir a contracorriente, hay que dar lo que la sociedad pide", añade Lucía Veiga.
La gente marca las pautas pero la última palabra está en el estudio de los diseñadores. Los meses previos o incluso un año antes de sacar la nueva colección, los modistos-coolhunters coruñeses reúnen toda la información posible y del cóctel de datos que la calle ofrece, cada uno saca sus conclusiones que compaginan con la creatividad. "Hay que hacer un filtro y adaptarlo a tus necesidades. En nuestro caso por mucho que se lleven los vaqueros desilachados, por ejemplo, esta moda no nos sirve", indica Lucía Veiga. También hay quien intenta huir de cualquier tendencia. "No me meto en mi particular burbuja pero a la hora de buscar la inspiración creo que es algo personal. Descubres un tema y trabajas sobre él. Esto es una forma de enriquecer la moda porque cada diseñador ofrece algo diferente. Seguir las tendencias, a veces, puede limitar tu trabajo", señala María Barros.
Unos y otros sólo persiguen un objetivo: que sus prendas triunfen entre el público. Para ello, pasan los días observando a los demás para convertirse en precursores de lo pronto será lo más in en A Coruña.