SELINA OTERO | A CORUÑA
Más horas de trabajo, reuniones con el claustro, los padres o la Administración, labores de gestión, toda la responsabilidad imaginable sobre un solo nombre o la obligación de aparcar, por falta de tiempo, la auténtica vocación: la docencia. "Ser director no es fácil y sólo cuando lo eres te das cuenta de la infinidad de asuntos que tienes que abordar a diario. Supone ser el líder para lo bueno y para lo malo; la mayoría de las veces en la sombra, sin el reconocimiento social merecido. Por el complemento salarial que recibes a cambio está claro que no compensa este papel".
Son declaraciones a modo de autorreflexión de varios directores de centros educativos gallegos de Educación Primaria y Secundaria, en un momento en el que la voluntariedad para ostentar el máximo cargo de un colegio se reduce en Galicia a algo más de un 50%; el resto de capitanes de los centros son nombrados "forzosamente" por la Xunta debido a la falta de candidatos. Compromiso y resignación: fifty-fifty. La Administración autonómica se ha visto obligada en los últimos años a nombrar a casi la mitad de los directores de centros de Galicia. ¿Por qué los profesionales de la docencia se niegan en la actualidad a dar un paso más allá y convertirse en directores?
Quejas e imprevistos
"Eres el primer responsable si pasa algo. Te toca lidiar con el papeleo, los profesores, los padres, los alumnos conflictivos... En definitiva, el buen funcionamiento del centro y el éxito del alumnado recaen sobre ti. Son muchas tareas, el nivel de estrés es muy superior y la remuneración económica no lo tiene en cuenta. Por eso mucha gente huye de esta responsabilidad. Si no tienes auténtica vocación y compromiso social, vale la pena ser docente y cobrar como docente con los pluses de antigüedad; o eso es lo que piensan muchos hoy en día", explica Nemesio Rodríguez, director del Instituto de Educación Secundaria de Foz (Lugo) desde hace tres décadas y miembro de la junta autonómica.
Él lo es por vocación. "Es un lío sufrir el día a día, estás siempre ocupado pero, como contrapartida, también te da muchas satisfacciones", sostiene Rodríguez, de 62 años, quien añade que la complicación de ser el máximo responsable de un centro escolar está vinculada al entorno socioeconómico del lugar.
Venancio Graña, con 35 años de experiencia como director en el CEIP Víctor López Seoane de A Coruña, también sabe de lo que habla. "Cada vez la enseñanza está más burocratizada. Te pasas el día gestionando y enviando papeles. Las tareas son muchas. Organizar todos los equipos: las Comisiones de Coordinación Pedagógica, los grupos de normalización lingüística, los de actividades extraescolares, los de dinamización de Tecnologías de la Infomación, listas de alumnado por cursos, acomodar los espacios en el centro, reubicar los muebles, solicitar obras de mejora y arreglar desperfectos, controlar el comedor, ahora también la gestión de las ayudas para los libros de texto, atender quejas... es decir, todo el peso", explica el coruñés Venencio Graña.
El gremio de directores gallegos coincide en que el complemento que reciben por este trabajo es "insuficiente".
En la comunidad gallega, un director cobra desde 350 a 659 euros a mayores de su salario, en función del tipo de centro (Educación Primaria o Secundaria y dependiendo del tamaño del colegio, por número de alumnos).
Y los pluses no son iguales en todas las comunidades. Galicia ocupa el octavo lugar a nivel estatal. En la Comunidad de Madrid el complemento se sitúa entre 673 y 1.618 euros; en Cataluña, alcanza los 976. Por encima de la comunidad gallega se sitúan también Andalucía, Comunidad Valenciana, Baleares, Canarias y Navarra.