CARMEN REIJA LÓPEZ ES LICENCIADA EN FARMACIA Y DIPLOMADA EN ÓPTICA CARMEN REIJA
. sta frase es muy frecuente, pues casi el 50% de la población la ha pronunciado en algún momento de su vida, siendo expresión habitual de casi el 25%. Sin embargo, no son considerados enfermos en sentido estricto porque la sensación de ardor estomacal (pirosis) no constituye una patología en sí misma.
Las causas son variadas: uso de condimentos picantes, mala dieta, comidas copiosas, algunos fármacos, el embarazo, el estrés, etc... y esa sensación puede acabar en una enfermedad por reflujo gastroesofágico, caracterizada por las complicaciones causadas por el reflujo del contenido del estómago hacia el esófago.
El origen está en el mal funcionamiento del esfínter esofágico interior -situado en la unión de estómago y esófago- que actúa como una válvula abriendo para que pase la comida y cerrando para evitar que el contenido del estómago retorne al esófago.
Los síntomas incluyen el ardor en la parte alta del abdomen que asciende por el tórax hasta la garganta y la regurgitación o retorno a la boca de alimentos ya deglutidos; también aparecen: tos crónica, dolor torácico, laringitis, cambios de la voz, etc. que deben ser discriminados como causa de reflujo y no de problemas a nivel respiratorio.
El diagnóstico lo realiza el médico a partir de los síntomas descritos por el paciente y la realización de pruebas como:
-endoscopia para valorar las lesiones, determinar si existe hernia de hiato, descartar otros procesos e identificar complicaciones
-radiografías de contraste con papilla de bario, aunque tienen una menor precisión
-phmetría de 24 horas para conocer la acidez del esófago y su repercusión real
Cuando la enfermedad es manifiesta se pueden presentar: esofagitis por reflujo (erosiones del esófago con inflamación), estenosis péptica (estrechamiento de la cavidad) o esófago de Barrett (por cicatrización anormal de las lesiones, que debe ser controlado), aunque son muchos los pacientes que sólo tienen dolor.
El tratamiento debe ser determinado por el médico y pasa por cambiar ciertos hábitos de vida y pautar fármacos muy eficaces que tratan los síntomas y las lesiones impidiendo la evolución: antiácidos, inhibidores de la bomba de protones (como el omeprazol) que reducen la producción de ácido en el estómago y otros que aceleran el vaciado del estómago. En algunos casos se realiza una cirugía laparoscópica para evitar el reflujo o para prevenir o tratar la hernia de hiato.
Las medidas preventivas incluyen:
-Olvidarse del estrés, causante de un elevado porcentaje de casos de acidez
-Seguir una dieta con poca grasa y rica en fibra para reducir el estreñimiento; evitar cítricos, embutidos picantes, tomate, chocolate, café, bebidas de cola, etc.
-Comer poca cantidad y varias veces al día
-Adelgazar, porque el sobrepeso aumenta la presión abdominal
-Dormir con el cabecero de la cama elevado
-No fumar
-Evitar prendas ajustadas que ciñen el abdomen (no uses el cinturón apretado)
-No acostarse inmediatamente después de comer
-Evitar las posturas horizontales y adelantar el tronco respecto a la vertical del cuerpo
-Consumir fármacos adecuadamente, pues los relajantes musculares y el diazepam favorecen los síntomas
La hipertensión, el sobrepeso, ciertas enfermedades reumatológicas, la diabetes o el asma son factores de riesgo que deben ser controlados y tratados adecuadamente para evitar el reflujo.
Muchos padres pasan momentos malos con sus bebés porque lloran, vomitan, están incómodos, les huele mal el aliento, etc. y puede estar relacionado con el reflujo. Coméntaselo al pediatra para que valore la situación -porque normalmente se debe simplemente a que se le forman muchos gases- y decida el tratamiento recomendable. No te preocupes porque suele mejorar variando la alimentación y a medida que crece y madura su aparato digestivo.