MARÍA DE LA HUERTA | A CORUÑA
Ensalada sí, pero sin nueces; café con leche, pero de soja; bizcocho sin huevo; y la sopa, sin almejas. No son caprichos ni deseos de molestar al camarero de turno o a los anfitriones de una cena. De estos matices en la selección de los platos puede depender la vida de un alérgico a los frutos secos, las proteínas de la leche de vaca, al huevo o al marisco.
Las alergias a los alimentos son un trastorno cada vez más común, hasta el punto de su incidencia se ha duplicado en España, y también en Galicia, en los últimos años, según los datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic). Si en 1992, aproximadamente el 3,6% de la población española padecía algún problema de este tipo, en 2008, esta cifra ascendía ya al 7,4%. Por si esto fuera poco, las alergias alimentarias constituyen, en la actualidad, el cuarto motivo de consulta en los servicios de Alergología, sólo por detrás de la rinoconjuntivitis, el asma bronquial y las reacciones alérgicas a medicamentos.
Ahora bien, aunque se trata de un trastorno relativamente habitual, los expertos aseguran que muchas de las autodiagnosticadas alergias a los alimentos por los propios afectados no son tales. Las reacciones alimentarias se confunden de manera habitual con las alergias y la consecuencia más inmediata es el uso indiscriminado de métodos que, sin estar avalados por la comunidad científica, dicen ser eficaces para el tratamiento dietético de las alergias o intolerancias alimentarias. "Hay que tener mucho cuidado con todo esto. Las alergias han de ser diagnosticadas, siempre, por un especialista, e incluso en algunas ocasiones, cuando los pacientes se someten a las pertinentes pruebas médicas para comprobar si son alérgicos a determinados alimentos o no, pueden darse falsos positivos", advierte el doctor Antonio Parra, jefe del Servicio de Alergología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), quien insta a sus propios compañeros a ser "muy minuciosos" a la hora de establecer el diagnóstico, ya que, sostiene, "no debemos imponer restricciones innecesarias".
El doctor Parra asegura que "uno se hace alérgico a lo que come" y explica que, por ello, en Galicia el porcentaje de pacientes con alergia al marisco es mayor que en el resto de las comunidades. "La alergia al marisco es el tipo de alergia más común entre los adultos gallegos, mientras que la leche y el huevo son los alimentos más peligrosos para los niños", subraya el jefe del Servicio de Alergología del Chuac, y añade: "En otras comunidades, como Extremadura o Castilla y León, son más habituales las alergias a determinados vegetales que aquí, sin embargo, no se dan tanto", indica Parra.
El jefe del Servicio de Alergología del Chuac aclara, sin embargo, que los alérgicos al marisco no tienen por qué serlo, también, al pescado. "Aunque los pacientes con alergia al marisco pueden reaccionar a pescados no se ha demostrado reactividad cruzada entre estos alimentos. Lo que sí se sabe es que los ácaros tienen proteínas similares al marisco, de modo que los alérgicos a ácaros tienen un riesgo mayor de sufrir reacciones al consumo de marisco que los que no lo son", apunta Parra, quien reconoce que "algo parecido" ocurre con los alérgicos al polen y a determinadas frutas y hortalizas. "Como los vegetales son polinizados, es bastante habitual que los alérgicos a las gramíneas puedan serlo también, por ejemplo, a la sandía o a las frutas rosáceas", destaca el doctor Parra.
Síntomas
El especialista del Chuac también señala que un mismo alérgeno alimentario "no produce siempre la misma sintomatología" y que la intensidad puede cambiar, "por eso nunca hay que confiarse, aunque las reacciones sufridas con anterioridad fueran leves", remarca. La cantidad de alimento que provoca una reacción alérgica también varía en cada paciente, desde trazas hasta cantidades bastante elevadas. "En cualquier caso, las manifestaciones clínicas más frecuentes son la aparición de estornudos, picor, urticaria o dermatitis atópica, entre otros síntomas. Sólo en los casos más graves puede producirse una anafilaxis, una situación de emergencia vital especialmente preocupante en los pacientes asmáticos", subraya.
En cuanto al tratamiento de las alergias alimentarias, el jefe del Servicio de Alergología del Chuac recuerda que la única terapia posible es la prevención. "Por ahora, la única forma de evitar las reacciones alérgicas a un determinado alimento es suprimiéndolo de la dieta", afirma el doctor Parra, aunque añade un matiz esperanzador: "Se están investigando ciertas pautas de insensibilización, consistentes en administrar a los pacientes los alimentos que les dan alergia, poco a poco, para conseguir que los toleren", concluye el médico del Chuac.