ANA RAMIL | A CORUÑA
Los médicos de la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil del Hospital Materno Infantil Teresa Herrera de A Coruña atienden cada año cien nuevos casos de niños con problemas de fobias. Una patología que desciende progresivamente mientras se dispara la cifra de menores hiperactivos o que presentan un déficit de atención. "Las fobias están relacionadas con las llamadas funciones simbólicas, es decir, la transmisión de valores familiares, algo ahora mismo en declive", señala el psicólogo de esta unidad, Manuel Fernández, quien añade: "Antes surgían fobias cuando los niños no satisfacían sus ideales o temían que les ocurriera algo porque hacían algo malo. Ahora prima la inmediatez, el no pensar y por eso hay más trastornos relacionados con la impulsividad".
Pese a todo, un centenar de menores pasa cada año por las consultas de los psicólogos del Materno para intentar solucionar su fobia, a los que hay que sumar quienes ya fueron diagnosticados en años anteriores. La mayoría tiene más de 6 años ya que hasta esa edad, los temores que pueden sufrir los pequeños son temporales. "Forma parte de la evolución de los niños que a los tres, cuatro o cinco años surja el miedo a la oscuridad, los monstruos o las máscaras pero desaparecen en cuanto el niño crece", señala Fernández.
Los médicos hablan de fobia cuando una persona -ya sea niño o adulto- sufre un miedo irracional ante un objeto o situación que no supone un peligro real para su integridad. "Estos pacientes sufren una angustia desbordada y ansiedad cuando tienen que enfrentarse al objeto fóbico", indica este psicólogo. En el caso de los niños, las fobias más comunes son a los animales, la oscuridad o los espacios cerrados. Sin embargo, los psicólogos aseguran que hay todo tipo de fobias y que entre los pequeños también es habitual "tener temor a la enfermedad o incluso a la muerte".
El origen de las fobias casi nunca guarda relación con el objeto al que se tiene miedo. "La gente suele desplazar hacia el objeto o una situación la angustia generada por otro problema", señala Fernández Blanco, quien reconoce que, en ocasiones, sí hay relación: "Alguien que se haya quedado aprisionado en alguna ocasión puede desencadenar una fobia a los espacios cerrados". "Otras veces están vinculadas a neurosis obsesivas. Por ejemplo, la fobia a las agujas está relacionada con el miedo al contagio y en el fondo con cierto grado de culpabilidad", señala.
Los psicólogos aseguran que hallar el origen de esta patología es complejo pero que en el caso de descubrir la fobia en edad adulta siempre guarda relación con algún acontecimiento de la infancia. La única diferencia entre mayores y pequeños a la hora de tratar esta patología está en el grado de consciencia del problema por parte del paciente. "Los adultos son conscientes de que tienen un miedo irracional a algo no peligroso pero los niños no. Si tienen miedo al ascensor, por ejemplo, realmente creen que se puede caer", indica.
A la hora de solucionar esta patología psicológica, la terapia es la clave. "Hay diversas formas de afrontarlo pero nosotros optamos por solucionar el problema inicial, el que ha desencadenado la fobia", señala el psicólogo Fernández Blanco, quien añade: "Además también trabajamos con los padres para orientarlos sobre cómo deben actuar para que mejore la situación de sus hijos respecto a la fobia que padecen".