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El periodista veloz

El canario Santiago González Suárez, de 39 años, sustituye desde ayer a Javier Pons como nuevo director de Televisión Española (TVE)

 
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El Consejo de Administración de RTVE, a propuesta de su presidente, Alberto Oliart, nombró ayer director de Televisión Española (TVE) a Santiago González Suárez, quien hasta ahora era el máximo responsable de Radio Nacional de España (RNE). Benigno Moreno, el anterior director de Programas de RNE, ocupa la vacante que deja. Santiago González, tinerfeño de 39 años, cuenta con una meteórica carrera profesional, en la que destacan su paso por diferentes medios de comunicación y, sobre todo, la dirección de la Televisión Canaria. Ahora se enfrenta al reto de gestionar una gigantesca cadena sin ingresos publicitarios

SANTIAGO DÍAZ BRAVO | TENERIFE 26 de diciembre de 2008. Un grupo de entusiastas periodistas del norte de Tenerife ultima en el orotavense Liceo de Taoro los preparativos para la presentación, el día siguiente, de un libro de relatos con fines benéficos. De repente suena un teléfono. El autor de renombre que se había comprometido a cantar las excelencias de la obra debe tomar urgentemente un avión a Madrid. El pánico se va adueñando de todos y cada uno de los presentes hasta que alguien alza la mano para aporta una urgente y contundente solución: ¡Hay que llamar a Chagui! Una hora más tarde Chagui, un joven de 38 años que se halla al frente de uno de los cargos de mayor trascendencia de la prensa española, pasa a recoger un ejemplar que leerá hasta altas horas de la madrugada para prepararse una concienzuda exposición.

Y es que si algo caracteriza a Chagui, nombre con el que se conoce en la Villa de La Orotava, su pueblo natal, a Santiago González Suárez, director de Radio Nacional de España y, desde ayer, consejero de administración de RTVE de por medio, principal responsable de Televisión Española, es su habilidad para estar pendiente de varios calderos al mismo tiempo. Lo mismo participa en una reunión en la capital de España en la que se define el nuevo modelo de radio pública que atiende raudo una petición del alcalde orotavense para leer el pregón de las Fiestas de San Isidro.

Su meteórica carrera profesional, que lo ha convertido en el directivo de medios de comunicación de mayor proyección de España, no podría explicarse sin esa predisposición a la omnipresencia, que sazona con una innegable diplomacia y un desparpajo en la gestión que ha dejado boquiabiertos a los ejecutivos más veteranos. Todo ello sin olvidar el importante papel que ha jugado en su trayectoria una estrecha vinculación a la Cadena Ser. Fue en los estudios centrales de esa emisora, en la Gran Vía madrileña, en cuyos servicios informativos empezó a despuntar, sobre todo en uno de los programas de mayor solera, Hora 25, donde importantes directivos de Prisa pusieron sus ojos en él .

Hijo de una familia modesta de la Villa de Arriba, ya en la temprana adolescencia Santiago González tomó la decisión de ser periodista. Años más tarde se matriculaba en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, una de las únicas cuatro opciones de estudiar periodismo que existían en España y donde desde un primer momento se caracterizó por una frenética actividad.

Si sus compañeros de curso se limitaban a practicar la ley del mínimo esfuerzo, más que suficiente en un centro universitario por aquel entonces anacrónico y anodino, él tomaba un tren y se plantaba en Salamanca con la intención de hacerle una entrevista al mismísimo Gonzalo Torrente Ballester para un simple trabajo universitario.

En el colmo de la inquietud periodística, Santiago González, junto a una estudiante de periodismo tinerfeña, llegó a desplazarse a Berlín en 1989 para asistir en primera línea a la caída del muro, un acontecimiento histórico para quien años más tarde iba a hacer historia dentro del periodismo español.

Durante el invierno Santiago flirteaba con diferentes emisoras de radio de la capital y los veranos los pasaba haciendo prácticas en Tenerife, en los estudios de Radio Club en la Avenida de Anaga. Cuando acabó la carrera comenzó a colaborar con la Cadena Cope y logró un trabajo en la revista Metrópoli, una publicación cultural que edita semanalmente el diario El Mundo en su edición madrileña. Pero su paso por la prensa escrita fue breve. Enseguida entró a formar parte de la plantilla de la Cadena Ser, donde se codeó con algunas de las principales estrellas de la radio española y tejió una red de amistades que siguió cultivando durante sus años en las Islas.

En mitad de una apasionante vorágine radiofónica, Santiago González recibió una inesperada oferta: el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo, por aquel entonces en lo más alto de su popularidad y casi recién llegado de la Consejería de Turismo, donde destacó por sus golpes de efecto publicitarios, había recibido estupendas referencias de él y quería que se convirtiese en su jefe de prensa.

El interés por experimentar nuevos campos dentro de la profesión, unido a la posibilidad de regresar a Tenerife, le llevó a aceptar la oferta. Pero a pesar de la buena sintonía que mantuvo siempre con Zerolo, jamás llegó a encajar en aquel cargo. Echaba de menos el periodismo activo, y la oportunidad de retomarlo le vino en forma de propuesta para convertirse en editor jefe de la recién nacida Televisión Canaria, donde poco después alcanzaría la subdirección de informativos y, finalmente, la dirección.

El hecho de que la fórmula ideada por el Gobierno autonómico para poner en marcha la televisión pública se apoyase en una empresa privada, y que uno de los socios mayoritarios de dicha empresa fuese Prisa, cuyos intereses en el archipiélago defendían los directivos de Radio Club Tenerife, resultó decisivo para que el jefe de prensa de Zerolo recibiese la esperada oferta.

Desde aquel momento su ascenso fue meteórico. Los novedosos y ágiles informativos calaron en el público, y a pesar de contar con unos recursos humanos y técnicos discretos, casi exiguos, los índices de audiencia se tornaron en más que aceptables para un medio recién creado. Su labor no pasó desapercibida, de forma que tal efectividad, unida a la existencia de un cierto consenso entre las diferentes fuerzas parlamentarias, que no apreciaron en él sesgo político alguno, encumbraron a Santiago González a la dirección general de la Radio Televisión Canaria a la temprana edad de 35 años, convirtiéndose en el director más joven de una cadena pública de televisión en la historia de España.

Durante los años que permaneció al frente del ente autonómico siguió manteniendo unas privilegiadas relaciones con sus antiguos jefes y compañeros de la Cadena Ser en Madrid, a quienes veía con frecuencia. Uno de ellos era Luis Fernández, responsable de informativos durante su paso por la redacción de Gran Vía.

Fernández, a quien el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero encomendó la misión de modernizar Radio Televisión Española tras la etapa en la que Carmen Cafarell ejerció la ingrata labor de aligerar los gastos en personal, apreció en su antiguo subordinado el perfil adecuado para acompañarlo en tan complicado proyecto. Además de conocer de sobra su capacidad profesional, a su corta edad sumaba una extraordinaria experiencia, curtida incluso por un largo conflicto laboral en la Televisión Canaria.

Santiago González sucumbió ante la despampanante oferta y aceptó la dirección de Radio Nacional de España, donde ha puesto en marcha importantes cambios y ha logrado un considerable rejuvenecimiento del perfil del oyente, hasta hace poco uno de los principales problemas de la radio pública.

Su gestión, unido al que acaso pueda considerarse el principal logro del equipo que encabezaba hasta hace poco Luis Fernández: la total ausencia de conflictividad en el tratamiento de la información política, todo un hito en la reciente historia de los medios de comunicación estatales, ha posibilitado que la propuesta realizada por el nuevo presidente de la Corporación Radio Televisión Española, el ex ministro Alberto Oliart, cuente con el visto bueno de PSOE, PP y las restantes formaciones políticas.

Santiago González, quien fiel a su costumbre de no abandonar del todo ningún sitio suele pasear los fines de semana, junto a su pequeña hija, por las empinadas calles de La Orotava, en Tenerife, se enfrenta ahora a uno de los retos más complicados que haya tenido ante sí un directivo de la televisión pública: gestionar la cadena tras la decisión del Gobierno de eliminar cualquier contenido publicitario, una merma de ingresos tan contundente como la necesidad paralela de extender la programación. Si sale bien parado volverá una vez más a escribir su nombre en la historia del periodismo español, en esta ocasión al inicio de uno de los capítulos más importantes.

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