SANTIAGO ROMERO | A CORUÑA
A quien todo lo pierde, todavía le queda Dios, proclama el resignado dicho cristiano. El terrorista arrepentido Ali Agca, el hombre que intentó asesinar al papa Juan Pablo II en 1981, se lo ha tomado al pie de la letra tras pasar los últimos treinta años en la cárcel, pero ha decidido ir un poco más allá y hacer de Dios su particular patrimonio. Nada más poner el pie en la calle, tras pasar un examen médico en el que le fue diagnosticado un "desorden antisocial de la personalidad", dio la gran noticia a los crédulos de este mundo: el mesías ha vuelto, encarnado en uno de los personajes más enigmáticos de las últimas décadas.
El pistolero turco reconvertido en intérprete de los designios divinos se ha estrenado con las manidas profecías apocalípticas que predicen el fin del mundo en este siglo, ante lo que se ha ofrecido a redactar personalmente una nueva Biblia que nos revele el hasta ahora mensaje oculto de Dios. Entre la sarta de delirios de este iluminado, uno en especial parece estar fuera de lugar en su encendido discurso místico: el autodesignado mesías turco ha pedido "un nuevo imperio americano" que ayude a restablecer la paz mundial. Mientras los medios de comunicación del mundo entero se centraban en la estrafalaria liberación de Ali Agca, una importante cadena de televisión turca se hacía esta pregunta: "¿Es Agca un genio que ha engañado a todos haciéndose pasar por loco o es un tonto útil al servicio de oscuros intereses?".
Bufonadas aparte, lo cierto es que nadie ha podido responder a ciencia cierta quién es realmente Ali Agca, cuya identidad y biografía están plagadas de lagunas y conexiones con los servicios de inteligencia sin aclarar.
"Agca nació en 1958 en la provincia turca de Malatya, en el seno de una familia pobre, y desde pequeño se vio envuelto en el mundo del hampa", afirma Andrés Mourenza, un periodista español afincado desde hace años en Estambul que ha seguido con atención la historia del terrorista turco. Agca recibió entrenamiento militar por parte de grupos palestinos, aunque luego ingresó en la organización ultraderechista turca Lobos Grises, que durante los convulsos años setenta, en plena guerra fría, se enfrentaba a muerte con los activistas de la izquierda en las calles de Turquía con el apoyo velado de la CIA. En 1979 asesinó al periodista Abdi Ipekci, director del diario de centro-izquierda Milliyet, un atentado que resultó ser el preámbulo del golpe de Estado de 1980. Agca fue detenido, pero consiguió escapar de la prisión militar de Maltepe, una de las más seguras de Estambul, y huir a Bulgaria gracias a la ayuda de Abdullah Catli, un mafioso y ultranacionalista protegido por el régimen turco. Entonces comenzó un largo periplo por varios países y ciudades -entre ellas Palma de Mallorca, donde recibió la visita de un agente del espionaje turco- que culminaría con el intento de asesinato de Juan Pablo II en la plaza de San Pedro del Vaticano el 13 de mayo de 1981. A pesar de la presión de los fiscales italianos, nunca se ha logrado esclarecer quién estaba realmente detrás del atentado ya que el pistolero ha cambiado en numerosas ocasiones su testimonio. "Pudo ser el encargo de un mafioso turco establecido en Bulgaria, es decir, un golpe del KGB en colaboración con los servicios secretos secretos búlgaros, o un complot de Gladio -una trama ultraderechista vinculada a la CIA- destinado a presentar el atentado como obra de los soviéticos", asegura Mourenza.
El aura de irrealidad que siempre ha cubierto el caso Agca, desde su mediática conversión al cristianismo hasta la asombrosa afirmación del Papa de que el atentado había sido revelado por el tercer secreto de la Virgen de Fátima, no ha ayudado precisamente a arrojar luz sobre las tenebrosas conexiones del terrorista turco con las cloacas del espionaje. Y todo indica que las intenciones del ahora mesías van por el mismo camino. "Agca va a convertirse en un bufón millonario", pronostica el periodista español en Estambul. "Ha prometido revelar nuevos datos sobre el intento de asesinato de Juan Pablo II -y también sobre la misteriosa desaparición de la joven Emanuela Orlandi, otro siniestro episodio en el que supuestamente están implicados Agca, los Lobos Grises y el propio Vaticano-, pero esto parece más bien un aderezo publicitario del contrato que sus abogados ultiman con Hollywood para llevar la vida de Agca a la pantalla, por lo que cobraría ocho millones de dólares", señala.
Ali Agca, pistolero devenido en mesías, amenaza con reescribir la Biblia, pero quizá lo más adecuado sería revisar los guiones de películas como Las sandalias del pescador o la tercera entrega de El padrino, donde los más oscuros intereses políticos y económicos se han entrecruzado a la sombra de los hombres de Dios.