ÁGATHA DE SANTOS | A CORUÑA
-¿Cómo asume ser el único representante de la cocina gallega en Madrid Fusión?
-Uno de los mayores orgullos es que la gente de tu profesión reconozca tu trabajo, pero ser el único cocinero gallego significa que nuestra cocina no termina de cuajar fuera, no como la catalana y la vasca. No tenemos aún el suficiente peso internacional y hay que seguir trabajando duro para conseguirlo porque creatividad, ideas y calidad tenemos.
-¿Puede deberse a que la nueva cocina gallega es relativamente reciente?
-No hablamos de nueva cocina, sino de una nueva generación de cocineros que tienen en común una forma de cocinar muy buena y que son emprendedores. Tenemos que promocionarnos, y para eso necesitamos invertir tiempo y dinero, pero también el apoyo firme de las instituciones.
-¿No lo tienen?
-No al mismo nivel que en otras comunidades autonómicas. La cocina es también un valor cultural y necesita cariño y apoyo. Viendo los resultados, está claro que el respaldo que tenemos no es suficiente. Nuestra cocina necesita un poco más de esfuerzo por parte de todos, también de nosotros.
-¿Le ha sorprendido el anuncio del cierre temporal de El Bulli?
-En absoluto. Lo que me sorprende es que Ferran Adrià sólo se tome dos años.
-¿Por qué?
-El puesto que ocupa tiene cosas buenísimas, pero la responsabilidad de seguir haciendo cosas siempre sorprendentes supone también una gran presión. Los veinte años que lleva El Bulli son muy difíciles de mantener, aunque también es verdad que si hay un Bulli es porque son capaces de soportar esa presión. Por eso sé que volverá y con más fuerza.
-No le gusta usar el término 'nueva cocina gallega'. ¿Cómo definiría lo que hace Casa Marcelo?
-Ése es un término de los setenta que está ya muy superado. La cocina de Casa Marcelo es primero gallega, segundo gallega y tercero gallega. Nuestro leitmotiv es trabajar con la materia prima de Galicia y ponerla en valor.
-En el acto que clausura del certamen Madrid Fusión, que se celebró ayer, estuvo también uno de sus maestros, Juan Mari Arzak. ¿Qué recuerdos tiene de esa etapa?
-Arzak no me enseñó a hacer una serie de recetas y ya está, sino a dudar, a preguntarme cosas, a ser yo mismo. Para mí fue un honor trabajar para él.
-¿Y duda mucho?
-La duda es una constante permanente y es la que crea tensión, y la tensión es la base de la creatividad.