AGENCIAS | BARCELONA
Un preso ha aceptado iniciar el tratamiento farmacológico para inhibir los impulsos sexuales, según avanzó ayer la consellera de Justicia de la Generalitat, Montserrat Tura. Se trata del primer recluso por un delito de agresión sexual que solicita la llamada castración química.
Tura explicó que el pasado mes de septiembre se inició el proceso para identificar a los presos que cumplen el perfil. De entre ellos, unos 25 saldrán de prisión en los próximos seis años, y dieciocho eran susceptibles de participar en el programa. Finalmente se lo ofreció a dos y uno de ellos aceptó.
La consellera explicó que todo está funcionando "según lo previsto". El preso ha iniciado el tratamiento psicológico y empezará a tomar los fármacos poco antes de su salida de prisión, dentro de unos dos años.
La iniciativa, conocida como castración química -que los expertos denominan tratamiento farmacológico coadyuvante en la intervención de los delincuentes sexuales- se aplica en aquellos con alto riesgo de reincidencia.
Se trata de un método pionero en España y que no supondrá ningún beneficio penitenciario para los presos que deciden someterse al tratamiento, que siempre será voluntario. Es imprescindible la colaboración del preso y sólo se aplicará a los delincuentes sexuales más peligrosos y con mayor riesgo de reincidencia.
Opinión médica
Algunos médicos, sin embargo, ponen en duda la eficacia de este tratamiento. "La castración química por sí sola no es un método eficaz en el caso de violadores reincidentes y es necesario ir más allá del ámbito farmacológico y ofrecer un abordaje integral que dé importancia también al ámbito educativo y social", afirma el psicólogo, asistente social y coordinador del centro médico y psicológico de la Fundación Vidal i Barraquer en Tarragona, Jorge Toledano.
"La intervención no puede ser solo farmacológica, tiene que contemplar educación, familia, instituciones e intervenciones comunitarias. No podemos trabajar solo desde la farmacología", declaró Toledano. Este psicólogo apuesta por no cerrarse a un sólo tratamiento y ofrecer un abordaje global que pase por la psicología, la psiquiatría, los medicamentos, el aspecto terapéutico y el comunitario. Destacó la importancia que juegan en este ámbito las instituciones y la necesidad de reforzar valores desde la familia, para ayudar a crear una estructura psicológica que más adelante servirá para afrontar diversas situaciones.
Toledano afirmó que "cada uno tiene sus deseos sexuales, sus impulsos, sus necesidades" y que la cuestión es cómo cada persona se organiza con estos y aprende a lo largo de su vida a actuar. Añadió que catalogar ciertos comportamientos como comportamiento o maldad "son cuestiones que llevarían a abrir un gran debate" y aseveró que lo que sí está claro es que los violadores son personas que no se desenvuelven con las variables personales, "no tienen un equilibrio adecuado".