C. V | SANTIAGO
Se acabaron los tiempos en los que los criminales podían salirse con la suya. "Más vale que el criminal no cometa el crimen porque va a dejar una huella", advierten a los posibles delincuentes. Tanto es así que, "si se recogen bien las muestras" en la escena del crimen, es como "si el criminal dejase allí su carné de identidad". Quien así se expresa es María Victoria Lareu, catedrática de Medicina Legal y Forense y secretaria del Instituto de Medicina Legal de la Universidade de Santiago, la mano derecha del profesor Ángel Carracedo, director de un centro de referencia internacional en la resolución de identificaciones a partir del análisis de ADN.
Curiosamente, las escenas de los crímenes quedan muy lejos de las cuatro paredes de la facultad de Medicina de la capital gallega en la que desarrollan su trabajo estos especialistas en genética que, como dice Lareu, no salen "nunca" del laboratorio. A diferencia de los médicos que desarrollan su labor en el Imelga, los investigadores que trabajan en el departamento de la Universidade de Santiago colaboran con los jueces sin moverse de su mesa. No hace falta. Las muestras llegan hasta ellos.
La aportación de los genetistas a la criminalística es ya casi imprescindible en buena parte de los casos que se instruyen. Según María Victoria Lareu, el análisis genético ha "revolucionado el campo de la criminalística" y lo ha hecho para bien. "Había gente en el corredor de la muerte que, gracias a este tipo de análisis, logró demostrar que no era culpable", afirma la especialista, que añade una sentencia: "La genética no condena, sino que libera".
"Tratamos", dice, "cada caso como un caso de investigación". Y aunque su dictamen puede ser determinante a la hora de que un magistrado tome una decisión sobre el supuesto autor de un delito, considera que su trabajo es "aséptico". "No nos sentimos implicados. Somos científicos". Tal vez se deba a que ya están acostumbrados, porque "siempre" es recabada su opinión en "los delitos más graves, como homicidios o agresiones sexuales".
Si es importante, tal y como suelen destacar los policías en las películas, que nadie toque nada de la escena del crimen para no desbaratar las posibles pruebas, en el laboratorio que dirige en Santiago Ángel Carracedo ocurre lo mismo. Una vez que llega la muestra de manchas o de restos orgánicos para analizar se mantiene aislada para que no haya ningún tipo de contaminación y dos personas realizan sus correspondientes análisis por separado para asegurarse de que no ha habido ningún error o intromisión de algún agente extraño. Además, se solventa la escasez de la muestra gracias a la técnica, que, emulando al cuerpo humano, permite ya clonar un trocito "múltiples veces para poder verlo".
Además del trabajo forense, que es el que suele otorgar titulares a este equipo ubicado en Compostela, pero compuesto por expertos de diferentes países, en el Instituto de Medicina Legal de Santiago se aplica la genética también a la elaboración de pruebas de paternidad y se realiza investigación de base, como la que ha motivado el desarrollo de los snips.
Precisamente lo que ha hecho conocido, y recurrido, al Instituto de Medicina Legal de Santiago son sus avanzadas técnicas para lograr establecer perfiles genéticos a partir de fragmentos muy pequeños de ADN. De hecho, el equipo de Carracedo exportará esta tecnología a Argentina para que los investigadores de ese país puedan hacerse cargo de los casos más complejos de desaparecidos durante la dictadura y también trabaja dentro de España para identificar a víctimas de la Guerra Civil enterradas en fosas comunes.
Al igual que sus homólogos de Imelga, Lareu también coincide en que la realidad va más lenta que la ficción. "En CSI resuelven los enredos en cinco minutos, y aquí nos puede llevar dos o tres meses o más si se trata de casos complejos", concluye.