SELINA OTERO / AGENCIAS | A CORUÑA
Mientras Cataluña discute si pedir a los profesores universitarios que acrediten conocimientos de catalán, sin llegar a quorum, Galicia ya ha pasado por este debate hace un par de años pero a nivel interno, en cada una de las tres universidades, y sin levantar ampollas. La Universidade de Santiago (USC) es la única que exige a los profesores que entran en plantilla un título de gallego, como requisito para hacerse con una plaza. Un requisito y, como tal, obligatorio, mientras que en las universidades de Vigo y A Coruña acreditar una titulación de gallego sólo cuenta como mérito.
Desde febrero de 2009, para ser profesor en la institución compostelana hay que justificar el conocimiento de gallego con una titulación oficial: el Celga 3. De este modo lo aprobó la propia universidad a título particular. "Se exige para el acceso a plazas de funcionario, es decir, para los que entran en el sistema. De todos modos, si un profesor tiene la opción de hacerse con una plaza vacante y no posee el título se le da un periodo de dos años para poder realizar el curso correspondiente, sacar el título y presentarlo", explican desde el Servicio de Normalización Lingüística de la Universidade de Santiago.
¿Qué ocurre con los catedráticos y otras categorías de profesores universitarios que llevan años dando clase? Al colectivo en plantilla no se le exige. "Sólo a los que entran. Pero a los catedráticos, titulares y otras tipologías les cuenta como mérito. En los controles de calidad que se realizan cada cierto tiempo acreditar gallego puntúa, es una variable más entre cincuenta. Es un incentivo que repercute en los pluses", indican fuentes del departamento lingüístico.
El Celga 3 es un nivel medio de gallego (hay desde 1 al 5), similar al nivel C (existe de A a D) que pretende exigir Cataluña de su lengua. Como en Santiago, sería para los profesores que entran y tendrían un plazo de dos años para sacar el título en caso de no tenerlo. Parte del profesorado catalán y varios grupos políticos, entre ellos el Partido Popular y UPyD -formación que dirige Rosa Díez-, han alzado la voz contra la propuesta del Gobierno de introducir esta exigencia en la enseñanza universitaria. Un día después de que la Generalitat anunciase la aprobación de un decreto se vio obligada a renunciar ante las críticas a esta medida. Los detractores consideran que el catalán debe estar presente en la universidad pero, como hasta ahora, sin exigencias. Consideran "un ataque a la libertad" pedir a los docentes un "nivel medio-alto" de catalán cuando "el debate en la actualidad se sitúa en incorporar más asignaturas de inglés, por ejemplo". A diferencia de Cataluña, en la comunidad gallega la decisión en su momento fue de cada una de las universidades sin llegar al Parlamento ni a fijarse en decreto alguno.
Acreditar con una titulación conocimiento de la lengua propia es un requisito sine qua non solo en la universidad compostelana. Las otras dos instituciones gallegas, A Coruña y Vigo, acordaron en su momento tener en cuenta el dominio del gallego como un mérito, aunque con matices en cada caso.
"El gallego es un mérito, es decir, puntúa al igual que otras variables a la hora de hacerse con una plaza vacante, por ejemplo", explican fuentes de la Universidade de Vigo. En A Coruña no es exactamente igual: "Sólo consta como mérito para los contratados; para los catedráticos no", según fuentes de su departamento de comunicación. "A los profesores contratados, ayudantes o que cubren sustituciones no se les exige saber gallego pero se les valora como mérito, es decir, que tener una titulación tipo Celga puede servirles para obtener más puntuación a la hora de hacerse con una plaza. En cambio, para los profesores titulares o catedráticos, que llevan años en el sistema no les afecta", argumentan las mismas fuentes. En el caso de Galicia, cada institución aprobó sus propias normas en cuanto a la obligatoriedad o no de saber gallego en sus respectivos claustros, si bien en Cataluña este asunto ha trascendido a las instituciones universitarias y el debate se ha trasladado a la esfera política. "El catalán debe ser un mérito pero nunca un requisito para dar clases", opinan los partidarios del no.