A. RAMIL | A CORUÑA
Detrás de un niño que llega al pediatra sucio, que no acude a las revisiones periódicas, que tiene problemas de desarrollo o presenta moratones sin causa aparente es prácticamente seguro que hay un episodio de maltrato o abusos. Para que los médicos que atienden a los pequeños de la casa no pasen por alto ninguno de estos síntomas y sepan cómo actuar ante uno de estos casos, el Grupo Ferrer -avalado por la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría y la Sociedad de Pediatría Social- celebró ayer, en Santiago, el primer taller en Galicia sobre esta temática. Una veintena de profesionales sanitarios recibieron durante toda la mañana clases teóricas y prácticas. El objetivo de esta iniciativa es que, al finalizar el año, 700 sanitarios de toda España hayan recibido esta formación.
"Es muy importante que el pediatra, que es quien custodia la salud del menor, conozca bien qué signos puede revelar un maltrato porque se trata de algo relativamente novedoso, pero que ya afecta al 15% de los menores", señala la médico adjunto del Complexo Hospitalario Universitario de Vigo, Ana Lía Taborda, que ayer participó en estos talleres.
Taborda, que a lo largo de su carrera ha tenido que hacer frente a varios casos de maltrato infantil, asegura que el tipo de violencia hacia los niños más común es la negligencia. "Lo más habitual es ver niños que no reciben los cuidados adecuados, a continuación se sitúa el maltrato psicológico, el físico y por último, los abusos", sostiene. Pese a que los dos primeros son más difíciles de detectar, esta facultativa da las claves para que el pediatra se ponga en alerta: "Si los niños están muy descuidados, la madre no acude a los controles habituales o el pequeño tiene quemaduras y golpes que no cuadran con la explicación de los padres es preciso analizar la historia clínica con detalle para ver si estamos ante un maltrato".
Una vez detectado un caso de este tipo e identificado el presunto agresor -a través de un "tranquilo y cuidadoso interrogatorio al pequeño"-, el objetivo de los médicos es ganar tiempo para "proteger al menor". "Se llama al asistente social, al juez de menores, al forense y si se puede, se deja ingresado. El objetivo es alejarlo del agresor", sostiene Taborda.
Pero al margen de cómo detectar un maltrato, los sanitarios que ayer asistieron al taller de Santiago aprendieron cómo realizar correctamente un informe médico que pueda ser útil en un juicio. "Es muy importante que el facultativo sea lo más objetivo posible", señala Taborda, quien reconoce que muchos de los asistentes dudaban sobre a quién le correspondía tratar estos temas si a la justicia, a los médicos o los asistentes sociales. Una vez finalizado el curso, todos tienen claro que "se trata de un trabajo que hay que hacer en equipo".
Santiago fue la primera parada, pero habrá más talleres en A Coruña, Lugo, Vigo y Ourense.