Un balón de oxígeno para el agonizante ladino

Tan solo 150.000 personas hablan en todo el mundo el idioma de los sefardíes expulsados de España en 1492 - Aldina Quintana se propone digitalizar y transcribir los documentos judeoespañoles de la Universidad Hebrea de Jerusalén

30.08.2015 | 02:13
Aldina Quintana ante un texto ladino en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Herido de muerte, el ladino, idioma que hablaban los judíos expulsados de España en 1492, trata al menos de preservar su huella de la mano de Aldina Quintana (Asturias, 1959), experta en lenguas románicas, entregada sin descanso a la digitalización de los miles de documentos y periódicos que conserva como un tesoro la Universidad Hebrea de Jerusalén.

"Tan solo quedan en el mundo unas 150.000 personas que hablan ladino", comenta sin ocultar su tristeza esta española que se topó por casualidad en Salónica (Grecia) e Israel en 1988 con la lengua de los sefardíes expulsados por los Reyes Católicos. Quintana conoció en aquel año a supervivientes del Holocausto nazi que no hablaban otro idioma que aquel español de finales del siglo XV, impregnado con el paso de los siglos de vocablos turcos, portugueses, hebreos, franceses e italianos. La lengua medieval evolucionó y se enriqueció con los idiomas que encontraron los judíos en sus países de exilio tras la huida de su querida Sefarad (España).

El privilegio de escuchar espeluznantes testimonios de quienes pudieron relatar sus padecimientos en el infierno del Tercer Reich marcó de por vida a la entusiasta Aldina Quintana, que dejó atrás sus estudios becados en Berlín de Filología alemana y española y su trabajo como productora de TVE en Bonn para aterrizar decididamente en Israel en 1996. "Algo me trajo hasta aquí y no fui yo misma", concede enigmática. Fue un viaje sin vuelta ya que nunca más se ha ido del Estado judío fundado el 14 de mayo de 1948 por David Ben-Gurión.

Aldina Quintana se dedica desde entonces al estudio del hebreo y al rescate del ladino que tan solo hablan hoy en día en el seno de pequeñas comunidades sefardíes personas de edad avanzada. "Está claro que la desaparición del ladino es algo inevitable", admite la experta en lenguas románicas, "pero lo que yo trato de hacer es guardar y digitalizar todo el material que aún existe de este idioma que se pierde de forma inexorable tras haberse transmitido de generación a generación a lo largo de más de 500 años".

El olvido de este idioma se agudizó hace 30 años. "Ya no se transmite como lengua viva desde hace por lo menos dos generaciones", se lamenta la romanista al tiempo que precisa que los vocablos más arraigados se refieren a tradiciones ancestrales, literatura oral y a la gastronomía. También sigue presente en las canciones sefardíes que se entonan en las sinagogas.

En 1997, un año después del aterrizaje de Aldina Quintana en Jerusalén, Israel creó la Autoridad Nacional del Ladino para propiciar su conservación. "Se lograron donaciones para revitalizar este idioma y lo cierto es que se han traducido hasta clásicos de la literatura universal al ladino", celebra.

Aunque a veces se ha arrepentido de quedarse en Israel, Aldina Quintana sacude esos momentos de zozobra centrada en su trabajo de investigación en la Universidad Hebrea de Jerusalén. "En algunas ocasiones se me hace pequeño este país y en Jerusalén hay veces que me siento encerrada, pero es el único lugar del mundo en el que existen más de 2.000 libros y 800 periódicos en ladino", explica desde un pequeño restaurante a las afueras de la capital sionista.

En Israel viven aún 100.000 hablantes de ladino. En Turquía, país en el que se encuentra la segunda comunidad sefardí, lo practican cerca de 15.000 descendientes de los judíos expulsados de España. Fue tras esa huida en 1492 cuando el ladino cobró mayor fuerza al convertirse en la lengua de reagrupación de la identidad perdida de los desterrados. "Es entonces cuando también surge la identidad sefarad", subraya Quintana.

El reto de Aldina Quintana pasa ahora por transcribir esos documentos que custodia con celo la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ella es una de las seis personas en el mundo capacitadas para realizar este concienzudo trabajo.

El texto más antiguo de ladino que existe en España es de 1510. En el siglo XVI y hasta el pasado siglo XX proliferaron las biblias en ladino publicadas por los sefardíes repartidos por todo el orbe. Los textos que existen en este español medieval están repartidos por el mundo y demuestran el éxodo judío a lo largo de la historia desde la firma el 31 de marzo de 1492 del Edicto de Granada mediante el cual los Reyes Católicos expulsaban a los judíos de la Corona de Castilla y de la de Aragón.

Hasta el siglo XIX, los documentos conservados están relacionados con la enseñanza del judaísmo, las leyes de la Torá, las traducciones bíblicas y las interpretaciones rabínicas. A partir de finales del XIX surgen los textos periodísticos, la novela moderna y la poesía amorosa de influencia francesa y alemana.

La traducción, transcripción y digitalización de todos estos documentos servirán además para facilitar la investigación de estudios bíblicos, filológicos, bibliográficos e históricos, asegura Aldina Quintana, quien solo espera conseguir la financiación necesaria para rescatar al ladino del olvido. El profesor Josep Fontana, lingüista de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, la acompañará en esta gesta mientras en Israel se mantiene un programa diario de radio en judeoespañol y se edita cada seis meses una revista en ladino, Aki Yerushalayim.

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