"Cuando me quedé sorda no evalué la magnitud de perder un oído; ahora visito a una psicóloga"

04.12.2015 | 01:43

Ana Eiriz es una coruñesa de 42 años que sabe que la vida no es fácil, pero casi nunca escatima una sonrisa. "He tenido mucha suerte en la vida", repite esta inquieta diplomada en Relaciones Laborales, a pesar de que hace cinco años y de forma inesperada perdió la audición del oído izquierdo, el 95%. ¿La causa? Un resfriado común y, sobre todo, la falta de atención en un centro sanitario, donde le diagnosticaron "mucosidad derivada de un catarro", sin prescribirle fármaco alguno. Cuando volvió a la médica de familia un mes después, sin síntomas de gripe pero sin audición, pidió ver a un especialista. Allí le explicaron que un virus había afectado al nervio del tímpano de forma irreversible. "Aún recuerdo a veces a aquella doctora", reconoce.

Los cambios en su vida desde entonces fueron drásticos, aunque paulatinos. Pasó de escuchar música a diario, casi a todas horas, a necesitar el silencio. De trabajar con el teléfono pegado a la oreja, a no poder seguir dos conversaciones simultáneas en una oficina. De salir de pubs con amigos a sentir la necesidad de aislarse para poder seguir conversaciones con música de fondo. Y a estresarse por no lograrlo. Hoy Ana Eiriz visita a una psicóloga. Reconoce que entonces no evaluó la magnitud de lo que se avecinaba. "Cuando me quedé sorda no pensé en la gravedad de perder un oído. De que realmente es una seria discapacidad", asegura.

"Trabajo con gente discapacitada que es muy capaz y quizás ellos no me recriminen si pregunto tres veces porque no entendí algo bien", asegura. "No entiendo a la gente cuando le digo que me hablen al otro oído porque soy sorda y se ríen". Sin embargo, Ana se identifica "totalmente" con el 85% de los encuestados que aseguran verse afectados psicológicamente por su falta de audición. "Cuando voy en coche y me pitan, pienso... ¿se imaginarán que no escucho de un oído?", reflexiona.

"Me gustaría que la gente tuviese más empatía con los dispacacitados y que no se tomen a broma los cuidados de los órganos sensoriales, ya que los utilizamos inconscientemente más de lo que creemos", señala.

Y es que mientras los aficionados al fútbol celebraban la victoria de España en la Copa Mundial de Sudáfrica 2010, Ana vivía aquel catarro que la tumbó en cama ese verano y que, silenciosamente, se llevó su sentido del oído izquierdo. Eso sí, no quiere dramatizar. "Pudo haber sido peor, al menos no me afectó al vértigo", razona. Y esta luchadora ha tardado cinco años en que reconozcan su incapacidad, por lo que agradece el tesón de la Federación de Asociacións de Persoas Xordas de Galicia.

"Luché por el certificado de discapacidad apoyada por una psicóloga que no me dejó desistir. Así tendría una ayuda a la hora de buscar empleo; aunque ojalá no fuera merecedora del mismo", matiza Ana Eiriz. Ahora y en tono jocoso, esta coruñesa con pérdida auditiva comenta: "¿Lo positivo? Total, para lo que hay que oír la mayoría de las veces...".

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