El vestidor

Crónicas vampíricas

17.01.2016 | 01:58
Crónicas vampíricas

La bruja. Hace 300 años, en Brentonico, un pequeño pueblo italiano de Trento, la cabeza de María Bertoletti, la bruja Toldina, era separada de su cuerpo y éste quemado. Se la acusaba de infanticidio, apostasía, herejía, idolatría, sacrilegio, blasfemia, sodomía y adulterio. El municipio acaba de reabrir el caso. Quieren rehabilitarla, limpiar su nombre. Será casualidad, pero Aramís Fuster también ha vuelto de entre las sombras del pasado. Salvando las distancias, porque a ella, por fortuna, nadie se ha planteado someterla al rigor inquisitorial y, de los cargos, los únicos que se le podrían aplicar, y eso apurando mucho, serían los de idolatría por sí misma y su cuerpo serrano y blasfemia, e incluso sacrilegio, hacia su colega Rappel. Ha arremetido, vía redes sociales porque es una bruja moderna, contra el vidente, sin pestañear ni despeinarse con sus labios perfilados, su pelucón y su lengua afilada. Como Toldina, Aramís tiene pendiente la restauración de su nombre y su bola de cristal. Y de su cuenta corriente seguramente también. Así que transijamos con su regreso a la vida pública, aunque sea como elefanta en cacharrería. Podría ser peor. Podría volver la bruja Lola.

Rentista. Jubilado y rentista. El duque viudo tiene la vida asegurada. Discreta, pero segura, confortable. Tampoco lujos ni alharacas. Cumplió los 65 con su paga y recibirá una pensión vitalicia de su difunta señora. No herederá, porque renunció para que no se dijera, joyones ni cuadrones ni títulos ni palacios. Solo cash, que diría Carmen Lomana. Contante y sonante. El piquito se calcula con una fórmula que ni el bosón de Higgs, la partícula de Dios: a 89 se le resta la edad del viudo. Lo que sale es el porcentaje que se lleva el usufructuario. Cosas del código civil. Y de ley de vida. Más usufructo cuanta menos edad, más usufructo cuanto más perspectiva de disfrutarlo. En este caso, la operación matemática arroja un 25%. Un cuartito. Redondo.

Vasos comunicantes. Es la teoría de los vasos comunicantes. El fenómeno de la quijotización de Sancho. O, en palabras llanas y castizas, aquello de que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Decían que Vargas, el Nobel, había caído rendido, al tiempo que a los brazos de Isabel Preysler, a las mieles de las vanidades. Que había cambiado aulas magnas por salones, solapas por portadas, bibliotecas por quioscos. Que se estaba preysleizando a marchas forzadas. Pero el proceso era bidireccional. Porque también ella, la reina de corazones, acude a los eventos literarios, se codea con editores e intelectuales, lee novela como lee el ¡Hola! Con una mano. La otra no se la suelta al escritor. Por si acaso.

Cuestión de fe. Que Ana Obregón se plante unas mallas y le haga poner a Bertín el culo en pompa para susurrar om es normal. Pero ¿que Rosa Benito, la del crucifjo en el pecho como la más grande, la de la Virgen de Regla como la más grande, se haya convertido al budismo...? Ella es cristiana de las de echarse a los leones pero también budista porque lo de la meditación le viene muy bien. Es budicristiana. O cristiadista. Si cantaba era para que se fuesen las malas energías y no para ganarse las lentejas o promocionar a la hija mejor de lo que lo hizo Amador. Porque el budismo es eso. Lo practica Tina Turner y es superpositiva, la Benito dixit. Tamara es cristiana pura, nada de budismo, y al final se mete en el convento. Pero para la tele.

Alcachofa. Debe el nombre, según la leyenda, a una bellísima muchacha llamada así y seducida por Zeus, que después la transformó en alcachofa (algo que hacía el dios con frecuencia, lo de seducir y transformar). No es que la mocita llevara por nombre alcachofa, sino Cynara, que es el apelativo científico. Catalina de Médicis o Luis XIV eran muy de alcachofa, como Karlos Arguiñano. Y María José Campanario. En Ambiciones no se cultivaban, al menos no para su explotación al por mayor como en su día las fresas. A lamujer de Jesulín la acción le viene por la parte diurética y adelgazante. La archiconocida dieta. Mejora la línea y encima se marca unos bolos remunerados. Cosa que siempre viene bien y más ahora que anda buscando empleo, como una española más. Aunque el precio a pagar sea, cómo no, hablar de Belén Esteban. Y encima bien. No hay nada como poner un toño en la vida de una. Cuando hay un malo malísimo enseguida se monta una piña y las enemigas irreconciliables se unen en un frente común, liman asperezas y se solidarizan. Primero Olvido Hormigos, ahora -manteniendo las distancias- Campanario. Otra propiedad a añadir a la larga lista de la alcachofa. Amén de la diuresis.

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