El Papa da un giro histórico y abre la puerta a que las mujeres puedan casar y bautizar

Bergoglio promete crear una comisión sobre el diaconado femenino, el escalón inferior al sacerdocio - Juan Pablo II y Benedicto XVI rechazaban esta opción

13.05.2016 | 02:34
El papa Francisco con una de las superioras, ayer, en el Vaticano.

Era un asunto totalmente cerrado por Juan Pablo II y por Benedicto XVI. Pero el papa Francisco abrió ayer la puerta -de manera sorpresiva y durante un encuentro con las superioras de ordenes religiosas de todo el mundo- para que las mujeres puedan aspirar al diaconado de la Iglesia. Es decir, que puedan acceder de forma permanente al peldaño inferior al sacerdocio y celebrar el sacramento del Bautismo y del Matrimonio. Fue una intervención papal tan espontánea que descolocó a algunos vaticanistas pero que resulta acorde con anteriores manifestaciones de Bergoglio acerca del papel que tiene que tomar la mujer en la Iglesia católica del siglo XXI.

La noticia del día en el ámbito religioso la suscitó la pregunta de una madre superiora que, en el aula Pablo VI del Vaticano, asistía al encuentro de Bergoglio con la Unión Internacional de las Superioras Generales (USIG), que aglutina a las superioras de todas las órdenes. Le hicieron seis preguntas y una era: "¿Por qué no constituir una comisión oficial para estudiar la cuestión (del diaconado)?". Y su compromiso expresado ante cientos de religiosas fue: "Creo que sí. Sería bueno, para hacer que la Iglesia aclare ese punto. Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer algo como esto. Acepto, me parece útil tener una comisión para aclarar".

En 1994, Juan Pablo II publicó la carta apostólica Ordenatio Sacerdotalis en la que establecía que la Iglesia no tiene potestad para alterar el plan divino de que Jesucristo eligiera únicamente a varones como Apóstoles. Semanas después, Joseph Ratzinger, por entonces prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, emitió un documento en el que decía que la carta del Papa debía considerarse como "doctrina definitiva". Ahora parece que Bergoglio está abriendo esa puerta que parecía completamente cerrada para las mujeres en la Iglesia católica.

Entre las tareas específicas para las que está facultado el diácono se encuentran la de administrar el Bautismo, conservar y distribuir la Eucaristía o asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, según precisa la Lumen Gentium, una de las cuatro constituciones promulgadas por el Concilio Vaticano II. Los diáconos se encuentran en el grado inferior de la jerarquía sacerdotal por debajo de presbíteros y de obispos. Hasta el momento, las mujeres no pueden ser diáconas pero sí pueden serlo aquellos varones que estén casados.

Las religiosas también preguntaron a Francisco sobre la posibilidad de que las mujeres pronuncien la homilía durante la misa y el Pontífice les pidió distinguir entre predicar durante la Liturgia de la Palabra -algo que, según puntualizó, puede llevar a cabo una mujer, consagrada o laica- y predicar durante la Liturgia eucarística, labor que está reservada para el sacerdote.

Además, el papa Francisco les invitó a permanecer alerta ante dos posibles tentaciones: feminismo y clericalismo. Sobre la primera, recordó que "la mujer vive en la Iglesia con la dignidad alta que le confiere el bautismo" y, acerca de la segunda, el anticlericalismo rechazó la actitud de los sacerdotes que quieren llevar adelante su parroquia ellos solos, sin fomentar la colaboración.

En cuanto a la presencia de la mujer en la toma de decisiones en la Iglesia, Francisco también se mostró, en su encuentro con las superioras de todo el mundo, de acuerdo con que aumente su responsabilidad tanto en la fase de elaboración como en la fase ejecutiva.

Fue a partir del siglo III cuando aparecieron los términos específicamente cristianos de diaconissa o diácona, según el documento El Diaconado: Evolución y perspectivas, elaborado por la Comisión Teológica Internacional, organismo que ayuda a la Santa Sede a examinar cuestiones doctrinales.

El término surgió en Siria oriental y Constantinopla, donde se atestigua un ministerio eclesial específico atribuido a las mujeres llamadas diaconisas. Además, hacia el año 240 aparecen por primera vez en un documento eclesiástico, aunque sin carácter oficial: la Didascalia de los Apóstoles.

A partir del siglo X, ya no se nombra a las diaconisas más que en unión con instituciones de beneficencia. Un autor jacobita de esta época constata que "en tiempos antiguos se ordenaba a las diaconisas" pero que "cuando la religión se extendió y se decidió administrar el bautismo a los niños, dicha función fue abolida". Ya en el siglo XII, el Patriarca Miguel de Antioquía observa: "Hoy día no se ordena a diaconisas, aunque se llame abusivamente diaconisas a aquellas que forman parte de las comunidades de ascetas".

"Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura", subraya la Lumen Gentium.

La opción de crear una comisión ya había surgido en el Sínodo de los obispos del pasado octubre, cuando el arzobispo canadiense Paul-André Durocher propuso estudiar que las mujeres fuese diáconas.

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