Sara Collantes Responsable de Migraciones de Unicef Comité Español

"Miles de niños que huyen de la guerra dejan atrás una 'prisión' para entrar en otra"

"Muchos menores que llegan solos a Europa son llevados a centros de detención sin haber cometido mayor delito que intentar ponerse a salvo de las bombas y la violencia"

23.06.2016 | 02:07
Sara Collantes, ayer, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña.

La falta de coordinación entre los países europeos y las demoras en procesar las solicitudes de asilo provocan que miles de menores refugiados no acompañados abandonen los centros en los que fueron acogidos, especialmente en Alemania, Suecia y Eslovenia, denuncia la responsable de Migraciones de Unicef Comité Español, Sara Collantes, quien además alerta de que en Grecia están detenidos en centros cerrados, custodiados por fuerzas de seguridad, un "número indeterminado" de menores debido "al colapso de los centros abiertos, con ambiente familiar". Niños y adolescentes que llegan solos a Europa tras una peligrosísima travesía, "controlada por las redes de traficantes de seres humanos", que puede durar meses, e incluso años, y en la que "se exponen a todo tipo de abusos y explotación", advierte Collantes, que ayer participó en una jornada sobre Refugiados y Desplazados Internos en el mundo, organizada por la Universidade da Coruña (UDC).

-En su informe Un peligro en cada etapa del camino, publicado hace apenas una semana, Unicef alerta de que más de nueve de cada diez niños refugiados y migrantes que llegaron a Europa este año a través de Italia no están acompañados de ningún adulto. ¿A qué riesgos se exponen estos pequeños?

-Sabemos que ahora mismo hay redes de tráfico y trata operando en las rutas migratorias. Los niños no acompañados dependen, generalmente, de esos traficantes de seres humanos y están sometidos al llamado "pago sobre la marcha", un sistema por el cual deben abonar una cantidad en las diferentes fases del camino si quieren seguir adelante, y que les expone a la explotación. En ese informe recogemos, por ejemplo, el testimonio de un chaval que durante dos meses trabajó junto a su hermano gemelo en una granja de Libia para pagar a los traficantes. Si trataban de escapar, les disparaban. Si dejaban de trabajar, les golpeaban. Era igual que la esclavitud. Otros son víctimas de abusos y explotación sexual. Y muchos mueren en el camino.

-¿Los que consiguen llegar solos a Europa, a qué realidad se enfrentan?

-Los niños a los que se consigue registrar son trasladados a centros donde pueden estar hasta un año esperando a que se decida su futuro, ya que la demora media para decidir qué país va a atender la solicitud de refugio o para completar un proceso de reunificación familiar es de unos once meses. Muchos de estos pequeños tienen ya familiares en otros países de la Unión Europea, otros tienen miedo de separarse del grupo con el que emprendieron el viaje, porque se sienten inseguros. Todos se rebelan ante la idea de ver congelada su vida durante un año, de entrar en un limbo en el que sus necesidades y sus deseos se ahogan.

-Los plazos son eternos...

-Y aún así se retrasan hasta que se nombra un tutor o se les informa sobre su derecho a la protección internacional. Y peor aún, muchos son llevados a verdaderos centros de detención custodiados por fuerzas de seguridad, en los que ingresan sin recibir apenas explicaciones y sin haber cometido mayor delito que intentar ponerse a salvo de las bombas y la violencia en países como Siria, Afganistán, Somalia o Irak. Muchos no nos dejan de repetir que han dejado atrás una prisión "para entrar en otra".

-¿Cree que los Estados europeos, y la sociedad en general, son realmente conscientes de la magnitud de esta crisis humanitaria?

-Hemos caído en la dimensión de esta crisis a través de cientos de imágenes de niños en las lanchas, en las playas, en los trenes, en las vallas y en los campos de refugiados, pero estamos esperando respuestas. Es verdad que se han dado algunos pasos, como la ley griega que impide que los menores no acompañados sean devueltos a Turquía, pero son insuficientes. Los países europeos tienen que tener los ojos puestos en los niños. Este éxodo desesperado de personas migrantes y refugiadas de todas las edades no sólo está poniendo a prueba nuestros valores y nuestro marco de derechos, también está zarandeando hasta nuestro instinto de protección de los más pequeños.

-Un último apunte estremecedor: Europol alertó en febrero de que había unos 10.000 niños migrantes y refugiados no acompañados en paradero desconocido. ¿Qué ha podido ser de ellos?

-Podrían estar reunidos con familiares o amigos en algún punto de Europa, sobreviviendo en algún arrabal o haber caído en manos de explotadores. Sencillamente, no lo sabemos. Los sistemas de identificación, registro y protección de la infancia tienen que fortalecerse rápidamente, no se puede esperar más para tener una coordinación entre los países de las distintas rutas migratorias. Es el único camino para que no perdamos el rastro de un niño más.

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