Críticas de cine

El pistolero domesticado

20.08.2017 | 02:13
Idris Elba, en una escena de ´La Torre Oscura´.

El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él". A partir de esa idea inicial, la del pistolero Roland Deschain persiguiendo al misterioso hombre de negro por un interminable desierto, construyó Stephen King la saga de La Torre Oscura. Pero no queda apenas nada de ese planteamiento en la adaptación cinematográfica que dirige Nicolaj Arcel. Una película que, sin ser el desastre que se anunciaba, malogra los aspectos más interesantes del original literario y un reparto de gran calibre.

La historia es de sobra conocida: una saga con una legión de fans, una producción que dispara las expectativas, un desarrollo complejo con varias reescrituras de guión y un resultado insatisfactorio. La Torre Oscura responde fielmente a este patrón, una sensación corroborada por las primeras reseñas del filme. Pero el resultado final no es tan paupérrimo como se temía. Su pecado es otro: es convencional. Y decididamente light, una ligereza premeditada para obtener el soñado PG-13, la calificación que en EEUU permite a los adolescentes invadir los cines.

Por el camino, se pierde parte de la esencia. Roland Deschain, pistolero domesticado, ya no persigue al hechicero, sino que escapa de su pasado. Y sus capacidades están más próximas a la de un superhéroe que otra cosa. En cuanto al hechicero encarnado por un Matthew McConaughey un punto sobreactuado, también responde a los cánones: el de un villano amoral, juguetón en ocasiones y gratuitamente cruel. Todo muy predecible, precocinado con los ingredientes básicos para reventar taquillas.

Que Ron Howard sea el productor es todo un síntoma.

Desvirtuada la historia, La Torre Oscura queda reducida a un mero entretenimiento, que se sostiene por el inconfundible acierto de casting en la elección del pistolero: Idris Elba, uno de los pocos actores con auténtica "presencia" del cine actual, aporta una solidez extraordinaria a su personaje, rellenando con su lenguaje corporal, una gestualidad contenida y esa mirada profunda las lagunas de un guión hecho con remendones y de una dirección impersonal. Él es la auténtica torre oscura, y no esa anodina mole creada por ordenador.

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