RALF DAHRENDORF, SOCIÓLOGO, ECONOMISTA Y PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE CIENCIAS SOCIALES 2007
PABLO GALLEGO.A CORUÑA
"Creo en la libertad". Ralf Dahrendorf (Hamburgo, 1929) recogerá el próximo 26 de octubre el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2007. El jurado encargado de conceder el galardón destacó de Dahrendorf
-de origen alemán y residente en el Reino Unido- su "preocupación por una Europa basada en las sociedades abiertas y cosmopolitas, donde arraiguen y se defiendan los derechos y libertades dentro de un nuevo orden internacional". Sociólogo, politólogo, economista, profesor en universi-
dades de media Europa y responsable de la nueva formulación de las teorías del conflicto social, Dahrendorf fue nombrado lord por la reina Isabel II. Desde entonces, forma parte de la Cámara de los Lores británica como un crossbench, miembro no adscrito a ningún partido político.
-¿Cuáles son sus referencias sobre los premios Príncipe de Asturias?
-He leído artículos, y me impresiona la cantidad de actividades que despliegan premiando a personas que realmente mueven el mundo en el que vivimos, aunque tampoco creo que a mí me hayan premiado por eso. Me siento feliz, sorprendido y realmente encantado.
-Desde el punto de vista de alguien que ocupa un lugar en la Cámara alta británica sin estar afiliado a ningún partido político, ¿cuál es el problema que más le preocupa?
-Quizás el desembarco del materialismo en nuestras democracias, cómo la democracia se desdemocratiza a sí misma. Tuve la oportunidad de presidir algunas reuniones del comité encargado de discutir asuntos realmente importantes, y me preocupa ver cómo se intentan imponer soluciones y asuntos por decreto del Gobierno y no porque así lo decida el Parlamento, algo inconcebible en Gran Bretaña. Y, por supuesto, la reducción de las libertades, que aumenta año tras año, como la legislación antiterrorismo, que ya ha ido demasiado lejos. Los ciudadanos tendrán que alzar la voz y defender el Parlamento y la democracia.
-¿A qué desafíos se enfrenta la Unión Europea en este momento?
-Todo lo relacionado con la Unión Europea me afecta, pero mi interés principal es la libertad. Más allá no creo que las cosas vayan a mejor sólo porque sea Europa quien las haga. No creo en la Unión Europea, sino en la libertad. Y la están restringiendo.
-Echando la vista atrás, el aspecto económico de la Unión parece más sencillo que el social o el político.
-La integración económica es mucho más sencilla que la social y, aun así, el mercado único nunca se ha completado realmente, todavía hay mucho trabajo por hacer. Los asuntos sociales y políticos marcan la diferencia, y están sin resolver. Por supuesto que Europa ha hecho aportaciones beneficiosas y tiene bonitas historias que contar, pero no es suficiente. Hay muchos asuntos por solucionar, y quienes que ostentan el poder son quienes tienen que intentar conseguirlo.
-¿En qué punto se encuentra la relación entre las grandes potencias?
-Demasiada gente cree que Europa debe oponerse a Estados Unidos, y eso es un error que puede convertirse en amenaza. Se puede ser crítico en ciertos aspectos y ante ciertas políticas, pero hay un área de interés mutuo, y es tan importante que los resultados deben ser más importantes que las diferencias de criterio. Es hora de que las democracias del mundo permanezcan unidas.
-¿Cómo cree que manejarán la situación los dos líderes europeos más visibles del momento, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy?
-Quizá Gordon Brown sea capaz de unirles, aunque aún no ha tenido tiempo para mostrar sus cartas. La señora Merkel tiene un estilo muy complaciente, encantador, aunque no sabría decirle con qué objetivo. Y Sarkozy, realmente, es un hombre -digamos- en apuros. Son los tres líderes de la nueva escena política en Europa, y aún es pronto para ver de qué forma se articularán estas tres fuerzas. Sólo el tiempo dirá hacia dónde nos llevan. De todos modos, son personas muy distintas, que viven en mundos también diferentes. Ocurre algo similar a la situación durante el gobierno de Mitterrand, en el que se vivía en mundos distintos, pero quizá mejor relacionados.
-¿Cree que los jóvenes europeos están preparados para ese incierto futuro?
-Quizá no para la política, que requiere estar inmerso en toda la problemática europea, pero sí para dar los siguientes pasos. Sí es cierto que el futuro que se aproxima parece más caótico que el que dejamos atrás. Confío en que sean capaces de conjugar una serie de valores tradicionales con un mundo cada vez más globalizado y cambiante.
-¿Que pasará con la Constitución europea?
-Es un asunto que se está demorando, pero lo veo perfectamente posible. A mediados de este mes de octubre supongo que veremos algún tipo de avance, aunque no tengo una certeza absoluta de que se llegue a un acuerdo en lo referente al texto, al menos de momento.
-Con toda una carrera dedicada a la investigación sobre el conflicto social y el Estado de bienestar, ¿qué pasos deberían darse ante el fenómeno de la inmigración?
-No le puedo responder a esa pregunta. Sería arrogante por mi parte intentar aconsejar a los gobiernos sobre qué hacer ante la avalancha de la inmigración. Siempre he creído en la necesidad de poner límites, aunque bajo condiciones, digamos, humanitarias; pero esas teorías ya no sirven ante el gran número de inmigrantes con el que nos encontramos. Insisto en la importancia de defender nuestros propios valores. No debemos olvidarlos y dejar que la globalización los difumine.
-Y ¿ante la amenaza del terrorismo islamista?
-No hay ninguna solución sencilla, y me gustaría tener tiempo para investigar el asunto en profundidad. Sobre todo para comprobar cómo, a través de la Historia, otros tipos de terrorismo y las revueltas anarquistas de principios del siglo pasado se sofocaron no por la intervención de los gobiernos, sino por otras razones. Sólo echando la vista atrás sabremos cómo mitigar, e incluso erradicar, este problema. La intervención armada no creo que sea en absoluto la solución. Si tengo que opinar..., sólo cuando las madres islámicas se pregunten qué han conseguido solucionar enviando a sus hijos a morir envueltos en bombas comenzaremos a vislumbrar un inicio de solución para el conflicto.