M. de la Huerta.A Coruña
El pasado mes de mayo, Dolores Vaamonde se puso en contacto con LA OPINIÓN para denunciar la descoordinación de las distintas Administraciones ante la puesta en marcha de la Ley de dependencia. Por aquel entonces, esta vecina de Cambre se afanaba en reunir la documentación necesaria para solicitar cuanto antes el subsidio, y relataba, estupefacta, como en el propio teléfono de información de la Xunta le habían advertido que la aplicación de la Ley "iba para largo". Ahora entiende "muy bien" esas palabras. Cinco meses después, Dolores todavía aguarda ansiosa una llamada de teléfono que le comunique que su madre, por fin, va a ser valorada por los técnicos de Vicepresidencia.
Dolores tiene 54 años y, desde hace más de tres, se dedica, en exclusiva, al cuidado de su madre, una anciana de 77 años, enferma de alzheimer y con una incapacidad reconocida del 77%. "Mi madre camina, pero está desconectada de la realidad, no reconoce a nadie, sólo a mí, que soy quien pasa con ella las 24 horas del día", explica esta mujer, que hace dos años se vio obligada a dejar su empleo para cuidar de su progenitora.
"Trabajaba como autónoma en A Coruña, pero lo dejé porque mi madre me necesitaba a su lado. Como tenía algún dinero ahorrado y un piso en Cambre, decidí que nos trasladásemos. Aquí podemos pasear (en A Coruña ella no quería salir de casa, le daban ataques de ansiedad) y estamos más tranquilas", reconoce. Pese al enorme el esfuerzo que supone cuidar de su madre enferma, Dolores habla de ella con rotunda veneración. "Mamá es como una niña pequeña, hay que estar todo el rato pendiente de ella. Sitio a donde voy, sitio al que se viene ella conmigo. Incluso cuando estamos en casa, la siento en una silla y no me despego de su lado. Es un sacrificio tremendo, pero no me importa hacerlo. Es mi responsabilidad garantizar que mi madre esté bien. De hecho, mucha gente me pregunta: ¿Por qué no la mandas a un centro de día? En alguna ocasión me lo planteé, pero lo cierto es que ella se pone muy nerviosa en esos sitios, y yo me quedo más tranquila teniéndola junto a mí", asegura.
El pasado 11 de julio, después de casi mes y medio preparando todo el papeleo, Dolores envió por fin a la Xunta la solicitud para optar a las ayudas que contempla la Ley de dependencia. "Presenté la solicitud un poco más tarde de lo que esperaba, porque creí conveniente revisar primero el grado de incapacidad de mi madre, aunque el examen que le realizaron concluyó que se mantenía en un 77%", explica esta mujer, quien reconoce que, desde entonces, no ha vuelto a saber nada del tema.
"Nadie me ha llamado para decirme cuánto tiempo se puede demorar todo esto. Mi madre responde al perfil de dependiente de grado III, por eso no me explico como, pasados ya tres meses, aún no le han hecho la valoración", sostiene.
Dolores reconoce que, a estas alturas, ya nada le sorprende. "Prefiero no agobiarme, aunque me da la sensación de que algunos políticos nos están vendiendo la moto. Y es muy injusto, porque no se puede jugar con un tema tan delicado", subraya indignada.