Redacción / Carmen Tabar.A Coruña / Madrid
El año que nació se estrenó 2001, una odisea en el espacio. Fue el año de la Primavera de Praga, de la matanza de estudiantes mexicanos de Tlatelolco, de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI y de la llegada de Richard Nixon a la Casa Blanca. Para los españoles, al margen de fechas tan decisivas, 1968 es el triunfo de Massiel en Eurovisión y el de aquellos 30.207.744 millones de pesetas que un chaval, Gabino Moral, ganó a las quinielas. Cuarenta años después del nacimiento de Felipe de Borbón, el Príncipe se ha convertido en el primer heredero de la Corona en tener una licenciatura, presentar un programa de televisión, intervenir en un acto sindical, asistir a una manifestación o casarse con una periodista.
Cuando nació don Felipe, su padre aún estaba pendiente de que las Cortes españolas lo ratificaran como sucesor en la jefatura del Estado. Sucedió en 1969, cuando el Príncipe ya daba sus primeros pasos. Unos meses antes, el tercer hijo y único varón de los reyes de España era bautizado en el Palacio de la Zarzuela con dos padrinos de excepción: la reina Victoria Eugenia -que regresa al país tras 37 años en el exilio- y su hijo, don Juan de Borbón.
Desde muy pequeño, don Felipe tuvo que forjar su determinación, consciente de que representa al Estado y que su labor es servir a una España cohesionada en torno a la Constitución. Su primera gran prueba fue la noche del 23 de febrero de 1981: con sólo trece años permanece toda la noche con don Juan Carlos -el mejor ejemplo de cuál es su papel en una Monarquía parlamentaria- para seguir el intento de golpe de Estado. Durante esas horas, Felipe vio cómo el patrón -tal como él y sus hermanas llaman al Rey y él llamaba a su padre, el conde de Barcelona- encauzó una difícil situación que siempre estará en su memoria como muestra de que el camino no siempre será fácil.
Ocho meses después, don Felipe de Borbón preside su primer acto oficial y pronuncia su primer discurso en público. Fue en la gala de entrega de los premios Príncipe de Asturias, unos galardones que llevan el título que el pequeño de la familia real recibió en el año 1977.
Con tan sólo quince años, el Príncipe realiza su primer viaje oficial al extranjero (visitó Colombia para representar a la jefatura del Estado en el 450 aniversario de la ciudad de Cartagena de Indias) y en 1983, al cumplir la mayoría de edad prestará juramento ante las Cortes para desempeñar sus funciones y guardar la Constitución. Desde entonces, la agenda de don Felipe ha estado siempre llena de actos y eventos que le han llevado a visitar España. Gracias a su carácter se ha convertido en uno de los miembros de la familia real más cercano a los ciudadanos.
Hombre sereno y tierno demostró su gran firmeza al casarse el 22 de mayo de 2004 con la periodista Letizia Ortiz, al afirmar que ese enlace suponía "dar continuidad histórica a la Corona". Siempre mantuvo que se casaría por amor, eso sí garantizando que sería con la persona adecuada. En menos de tres años aseguró doblemente la sucesión con el nacimiento de sus dos hijas, las infantas Leonor y Sofía.
Los ciudadanos conocen los gestos de cariño hacia su esposa, la ternura que le despiertan sus hijas o su calidez cuando acompaña a los familiares de las víctimas de la violencia atroz e injustificada, que condena siempre.
La masacre del 11 de marzo de 2004 hizo que por primera vez un miembro de la familia real, el Príncipe, acompañado por sus hermanas las infantas Elena y Cristina, encabezase una de las más multitudinarias manifestaciones contra el terrorismo. Fue un acto público excepcional en su agenda.
Es habitual que al término de una audiencia o recepción con representantes de los más diversos sectores se oigan comentarios relativos a lo preparado que está, lo que sabe o la oportunidad de sus preguntas.
Interesado por todo lo que ocurre a su alrededor, el príncipe de Asturias estudia concienzudamente sus actividades y por eso sorprende a sus interlocutores, muchas veces con cuestiones que van más allá de lo profesional y porque hay que estar cerca de él para apreciar su gran sentido del humor.
Su amplio papel institucional en el exterior -que comenzó oficialmente en 1996- le ha dado a conocer internacionalmente y le ha provisto de un gran bagaje de cara a asumir la Jefatura del Estado español.
En 2001, el secretario general de Naciones Unidas, Koffi Anann, consciente de su personalidad y seriedad, le nombró persona "eminente" para promocionar el Año Internacional del Voluntariado. No faltó a una sola cita dentro o fuera de España para defender esa causa, sin desatender el resto de sus obligaciones.
Amante de los deportes
Al margen de sus actos oficiales, el príncipe de Asturias ha destacado por ser un apasionado de los deportes. Desde su niñez es un gran seguidor, al igual que su progenitor, el Rey, del mundo de la vela y con el paso de los años un firme apoyo para todos los deportistas españoles a los que siempre ha acompañado en sus citas olímpicas.
Él mismo tuvo la oportunidad de alojarse en una Villa Olímpica, competir en unos Juegos y abanderar al equipo nacional en una ceremonia de apertura. Fue en Barcelona´92, y el recuerdo de esos días pervive intacto en su mente.
La foto de su entrada en el recinto olímpico de Montjuic, el 25 de julio de 1992, dio la vuelta al mundo al igual que las lágrimas de emoción de su hermana mayor, la infanta Elena. "Fue un momento muy emotivo. Entrar en el estadio lleno de gente aplaudiendo y yo portando la bandera supuso para mí una emoción tremenda", reconoció el heredero de la Corona tras el evento.
En una amplia entrevista que concedió al diario La Vanguardia pocos días antes del comienzo de Barcelona´92 aseguró que tenía pesadillas. "Yo también sueño con una medalla. Todos los deportistas alimentan ese deseo en su subconsciente", afirmó.
Otros miembros de la familia real, como sus padres, los Reyes, y su hermana la infanta Cristina, ya habían tenido una vivencia olímpica. "Mi padre me habla de la experiencia que tuvo en Múnich. Yo sólo tenía cuatro años, pero todavía conservo el recuerdo de haberlo visto a través de la televisión", añadió.
Su vinculación con el mundo de la vela sigue siendo muy estrecha. Es el patrón habitual de CAM en la Copa del Rey, la cita veraniega en Palma de Mallorca a la que tampoco falta su padre, don Juan Carlos, que compite con el Bribón.
Su presencia en los acontecimientos más relevantes de las competiciones náuticas sigue siendo muy habitual. En 2006 participó como tripulante número 18 del Desafío Español en la Copa del América. Y, cuando sus obligaciones se lo permiten, suele practicar también esquí y squash.
En su agenda aparecen numerosas audiencias a equipos o selecciones tras haber cosechado algún éxito relevante. Y su presencia, ahora acompañado por su esposa, la princesa de Asturias, en competiciones para alentar a los atletas españoles suele ser habitual.
La pasión por el deporte, que le inculcaron sus padres, los Reyes, ha sido una constante en su vida. Según expresó recientemente, "es posiblemente una de las actividades humanas que tiene más capacidad de movilizar a los ciudadanos, de despertar conciencias y de generar sentimientos en las personas".
Un hombre al día
En los 27 años que han pasado desde que pronunció su primer discurso ha conocido de cerca los problemas de los españoles en su actividad diaria, en los que ha profundizado en el contacto con la familia y el entorno de su esposa, doña Letizia, que aprendió rápidamente su papel de compañera del heredero de la Corona.
El Príncipe, como cualquiera de su generación, es un experto en las nuevas tecnologías y entre ellas internet, que le permiten saber lo que los españoles opinan de todo, incluido él mismo, y que la Corona se mantiene con un trabajo excelente, del que ha dado pruebas sobradas y que está dispuesto a seguir asumiendo
Cuando habló hace unos días en la celebración del 70 cumpleaños del Rey, le dio las gracias por su permanente ejemplo de vida intensa entregada al servicio de la nación, en especial para quien, como él, le sucederá.