EFE
Riva evoca en sus trabajos los colores de la naturaleza y se apoya en bases lilas y violetas a la hora de trabajar con organzas estampadas en plata y oro.
Las tonalidades más estridentes como el rosa, el amarillo o el verde manzana se reservan para los vestidos de formas redondas o para los de corte imperio en chiffon.
Piezas que se cubren con gabanes de cuello alto y que bajo el pecho se abren en forma de trapecio forman parte de la colección, en la que se superponen brocados, damasco y mikado azul, que resaltan las formas femeninas.
Para los vestidos de noche, el maestro de la alta costura italiana se decanta por telas azabache salpicadas de brillos con tules bordados de línea sirena o de corte imperio.
Un desfile lleno de sofisticación, en el que la creación que eclipsó todas las miradas fue el imponente vestido de novia ideado por este diseñador afincado en Monza (norte Italia) y que estaba inspirado en una Maria Antonieta que se reinventa para adaptarse al siglo XXI.
Un trabajo que, fiel a las formas del siglo XVIII, se sirve del corsé y una falda que toma forma gracias a una combinación en mikado, para evidenciar las caderas.
Un estilo inconfundible que Riva imprime a todos sus diseños en un oficio que ama y que por el momento no piensa abandonar a pesar de sus casi setenta años, según explicó hoy a los medios locales.
Una trayectoria todavía llena de proyectos, como el de un estudio recientemente abierto en Moscú (Rusia), que no prevé, en cambio, su expansión hacia países como China, Corea o Japón.
Riva, que se comparó con el personaje que interpreta Meryl Streep en la película "El diablo viste Prada", aseguró que no desea designar ningún heredero que continúe con su legado.
"No he querido ni quiero ningún delfín", declaró ante la prensa italiana, ya que los jóvenes le han desilusionado porque "piden sólo dinero", mientras que "es necesario amor y pasión para interpretar un vestido de alta costura".