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D. LEYENDA En Gondomar, en una zona apartada de los núcleos de población, apareció el cadáver de un hombre calcinado durante las labores de extinción de un incendio que se había declarado en la parroquia de Couso alrededor de las cuatro de la tarde. Pocos minutos después, cuando las llamas ya estaban controladas y apenas quedaban unos pequeños conatos de los que los efectivos de la Consellería de Medio Rural estaban dando cuenta, se toparon con el cuerpo sin vida de un varón del que se desconoce su identidad y las razones de su presencia en el lugar.
El equipo de extinción dio el aviso del hallazgo, por lo que rápidamente se personaron en la zona efectivos de la Policía Local de Gondomar, la Guardia Civil, agentes del Seprona y de la Policía Judicial. Sin embargo, no fue hasta las nueve de la tarde, cuando la jueza, acompañada del forense y del secretario policial, permitieron el levantamiento del cadáver,
El estado carbonizado del cuerpo impidió reconocer al fallecido, del que sólo se constató que se trataba de un varón sin ni siquiera poder determinar su edad. Además, en el lugar los agentes no encontraron ningún tipo de documentación que pudiese facilitar su identificación, por lo que probablemente no se conocerá hasta que no sea practicada la autopsia y se realice una prueba de ADN o un análisis dental. Asimismo, la Policía Local informó que durante la jornada de ayer no hubo ningún tipo de comunicación sobre una posible denuncia de desaparición o pérdida.
El incendio afectó a una superficie arbolada de monte comunal de aproximadamente 2.000 metros cuadrados cercana al barrio deAs Razas, en las inmediaciones del vial interior que comunica el centro de Gondomar con Couso. No obstante, la actuación de los retenes de extinción por tierra y la ayuda de un helicóptero que descargaba agua procedente de la marisma de A Foz do Miñor hizo que estuviese bajo control en apenas media hora.
Fue cuando las brigadas de extinción ya apagaban los últimos conatos de fuego y realizaban labores de prevención y enfriamiento de la superficie cuando aparecía el fallecido en una zona arrasada por las llamas. Su presencia en el lugar era, al cierre de la edición de este periódico, una incógnita. Según las fuentes consultadas, tampoco había sido posible hasta el momento determinar si existía alguna relación entre el incendio declarado y la presencia del cadáver.
Los vecinos de las zonas más próximas al lugar del hallazgo se acercaron debido al amplio despliegue que los distintos cuerpos de seguridad del estado se desplazaron a Couso, aunque en un primer momento pensaron que se debería al incendio.
La curiosidad y la expectación se convirtieron de repente en incredulidad cuando conocieron que tras el incendio había aparecido el cuerpo calcinado de un hombre, del que no podían sospechar su procedencia ni identidad.
Este hecho provocaba que el primer puñado de personas que había llegado avisasen del suceso a más personas, que acudían a su encuentro, descartando la implicación de algún conocido. Ninguno de los presentes podía imaginar de quien podía tratarse ni por qué las llamas habían acabado con su vida.
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