REDACCIÓN | SANTIAGO
Un terremoto de 6,2 grados en la escala de Richter, que se registró la madrugada del jueves en el océano Atlántico a 113 kilómetros del cabo portugués de San Vicente, se sintió en las provincias de A Coruña y Pontevedra. Según el Instituto Geográfico Nacional, el terremoto se sintió en algunas poblaciones de ambas provincias pero "sin ningún tipo de daño". El seísmo tuvo lugar a la 2.37 horas (hora peninsular) y se originó a una profundidad de 50 kilómetros.
El Instituto Geológico de Estados Unidos, que también informó en su web del temblor, rebajó la intensidad hasta los 5,7 grados y la profundidad del epicentro hasta los diez kilómetros.
El organismo del Ministerio de Fomento situó el seísmo en una latitud de 36,44 grados norte y en una longitud de 10,04 grados oeste, a 185 kilómetros de la localidad portuguesa de Faro y 280 de Huelva.
Además, dicha zona del océano Atlántico registró madrugada al menos cuatro réplicas, que se registraron entre las 3.10 y las 3.57 y tuvieron una intensidad de entre 2 y 3 grados en la escala Richter.
Sin embargo, la réplicas no se notaron en España, como sí lo hizo el primero, cuyos efectos se sintieron en las provincias de Huelva (la más afectada), Badajoz, Cáceres, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Ciudad Real, Madrid, Salamanca y Valladolid, además de las gallegas.
Minutos después del temblor, el teléfono de Emergencias de la Junta de Andalucía comenzó a registrar llamadas de ciudadanos. Fueron 490 hasta las 06.00 horas de la mañana, sobre todo de Huelva y Sevilla.
Y es que vecinos de Isla Cristina (Huelva) abandonaran la localidad a toda prisa ante el temor de que pudiera producirse un maremoto o tsunami como el de 1755.
Fue en ese año, el día de Todos los Santos, cuando se produjo un terremoto en Lisboa de 9 grados en la escala Ritcher, al que siguió un maremoto o tsunami, del que se dice que fue el origen de la formación del municipio de Isla Cristina.
Según fuentes municipales, algunos vecinos temían que lo que sucedió una vez pudiera repetirse y, en esta ocasión, llevarse al pueblo por delante, motivo por el cual de madrugada -tras sentir el terremoto- se apresuraron a coger sus coches y a trasladarse, en su mayoría, a la barriada de Pozo del Camino, que comparte la localidad isleña con Ayamonte. En esta localidad, el terremoto también provocó cierto nerviosismo y algunos, pese al frío, salieron a las plazas a esperar que todo pasara.
Mientras, en Portugal, el seísmo se sintió en la capital Lisboa y en otras ciudades del sudoeste, sin provocar daños materiales. Con epicentro a 58 kilómetros de profundidad y a unos 150 kilómetros de la costa, se sintió con más fuerza en las plantas altas de los edificios, donde testigos relataron que las viviendas se movieron durante varios segundos. Un especialista del Instituto de Meteorología luso declaró que la distancia del epicentro fue "determinante" para que no se produjeran daños materiales ni pérdidas humanas.