AGENCIAS | WASHINGTON
Nuevo tiroteo en Estados Unidos. Un hombre se entregó ayer a la Policía tras matar a tiros, el martes, a ocho personas en el estado de Virginia. Más de un centenar de policías tenían cercado al sospechoso dentro de un área en el condado de Appomattox desde la tarde en que se produjo el crimen múltiple. Este trágico suceso se suma a la larga lista de hechos similares ocurridos en el país en los últimos años: una de las mayores matanzas sucedió también en Virginia en 2007, cuando un estudiante surcoreano asesinó a 32 alumnos y profesores en una universidad y después se suicidó.
En cuanto a este último caso, la portavoz policial Corinne Geller identificó al sospechoso, que se encuentra bajo custodia, como Christopher Speight, de 39 años de edad, contra quien todavía no se habían presentado cargos en el contexto de una investigación en la que se trata de saber cuáles fueron los motivos del tiroteo y cuántas de las víctimas eran familiares del detenido, se sospecha que su mujer y su hijo se encuentran entre los muertos. Todo comenzó la tarde del martes, cuando la Policía encontró tres cadáveres en el interior de una vivienda de la que este hombre es copropietario. Había otros cuatro cuerpos fuera de la casa, situada en un área rural, y una octava persona, que posteriormente falleció, fue hallada malherida en un camino vecinal.
Fue precisamente esta última persona la que puso sobre la pista a las autoridades. Los servicios de emergencia fueron alertados en torno a mediodía del martes de que un hombre estaba tendido en mitad de una carretera y aparentemente herido grave. Cuando las fuerzas de seguridad llegaron a la zona localizaron a un sospechoso escondido en un bosque cercano e iniciaron una persecución por tierra y aire que desplegó a un centenar de agentes. El fugitivo disparó contra el helicóptero que le vigilaba y le alcanzó cuatro veces junto al tanque de combustible, lo que obligó a la aeronave a realizar un aterrizaje de emergencia.
Explosivos
Poco después de las siete de la madrugada -hora local-, y tras permanecer toda la noche escondido en el bosque, Speight se entregó. En ese momento no tenía ningún arma, pero llevaba un chaleco antibalas y vestía unos pantalones de camuflaje. Tras la detención, un grupo de agentes se trasladó a la casa del arrestado y comenzó a registrarla ante la sospecha de que pudiese tener explosivos en su interior. Un equipo de artificieros con perros especializados participaron en la búsqueda.
Inmediatamente después de conocerse la tragedia, las autoridades ordenaron el cierre de la escuela local y evacuaron algunas residencias ubicadas en las inmediaciones. También recomendaron a los vecinos cerrar puertas y ventanas.
Los expertos están procesando las pruebas de la escena del crimen y haciendo las labores de identificación de las víctimas mientras el sospechoso permanece bajo custodia policial pendiente de cargos.
Connie Anderson, copropietaria del supermercado donde trabajaba Speight como guardia de seguridad, indicó que el sospechoso era un veterano del ejército que coleccionaba armas de fuego y tenía "mucha destreza".