U. FOCES | VIGO
La Audiencia Nacional ha dictado auto de procesamiento para la considerada cúpula de la red gallega de narcotráfico atribuida a José Manuel Vila Sieira, alias O Presidente, que asociada a grupos suramericanos y de la Camorra napolitana pretendía introducir por las costas de Galicia cinco toneladas de cocaína en el pesquero Doña Fortuna, abordado el 26 de febrero de 2009 en la operación Jirito.
El juez Ismael Moreno ha fijado, además, una fianza solidaria de 500 millones de euros o el embargo de bienes suficientes "para asegurar las responsabilidades pecuniarias" que pudieran imponérseles a los cinco procesados arousanos: Vila Sieiro, al que considera "jefe supremo" en España; su hijo y "lugarteniente", Miguel Ángel; el constructor del Barbanza Juan Carlos Otero García, presunto "nexo entre la cúpula gallega y suramericana"; y el boirense Eugenio Lojo Fernández, supuesto contacto con los colombianos y el vigués Marcos Manuel Conde Vidal, considerado enlace con otros grupos. En el mismo auto, el magistrado ordena la búsqueda y captura internacional del ourensano Carlos García Morales, huido de la Justicia en cuyo domicilio se intervinieron seis vehículos Mercedes y un Jaguar.
El último gran transporte de droga intervenido en un pesquero rumbo a Galicia, con un valor de 250 millones de euros en el mercado ilegal, destapó los negocios de los narcos gallegos con la mafia italiana y, por primera vez, permitió comprobar que habían establecido una alianza con un grupo de la Camorra para realizar juntos el último tramo del transporte marítimo a las costas gallegas y repartirse la droga en función de la aportación de cada uno. Así, a los arousanos les corresponderían 3.500 kilos y a los italianos 1.500.
El pobrense Vila Sieira es un viejo conocido de las fuerzas de seguridad que logró convencer a Garzón y al fiscal de su arrepentimiento con ocasión de la operación Temple en 1999 y vio reducida su condena de 30 a 14 años. Precisamente en las puertas de la cárcel de Teixeiro, donde cumplía sus últimos años de condena en tercer grado, fue detenido por el Greco Galicia el año pasado. A sus 55 años, el juez Ismael Moreno lo sitúa, según los indicios de la investigación, en la "cúspide" de la organización. Su hijo Miguel Ángel , alias Rapaz y Chaval, está considerado, según el juez, lugarteniente y delegado de su padre.
Las sofisticadas medidas de vigilancia y extremas precauciones que tomaban los acusados, desde el uso de teléfonos públicos, o móviles vía satélite y portugueses, así como correos electrónicos a través de ordenadores portátiles, y rastreadores de comunicación, no impidieron que se les grabara y se les siguiera tanto en sus viajes a Colombia y Venezuela, como en sus encuentros con los delegados del cartel suministrador de la cocaína.
Lenguaje en clave
Tampoco tuvieron mucho éxito sus conversaciones en clave. La lancha rápida de los italianos para trasladar a la costa gallega la droga era el Misil, las salidas de prisión de Vila Sieiro (dormía allí de jueves a domingo) se definían como "alta hospitalaria"; la cocaína era "la fachada", o "la finca"; los propietarios "el director" y "la familia"; el barco nodriza "el carro" o "la carretera", y se referían a las embarcaciones menores como "el mini".
El auto de procesamiento sitúa a los otros acusados en el escalón intermedio de la red gallega. Así, Juan Carlos Otero García, alias Carlos, vecino de Ribeira, tendría contactos directos con los colombianos y los venezolanos dueños del nodriza, al igual que el boirense Eugenio Lojo Fernández, alias Bruno. Ambos serían los encargados, además, de buscar financiación y embarcaciones ligeras para bajar la droga a tierra. Lojo intentó fugarse a Colombia cuando conoció la aprehensión del pesquero; de hecho, al ser detenido llevaba en el bolsillo el billete de Santiago a Bogotá. El último de los procesados, el vigués Marcos Manuel Conde Vidal, alias Moncho, propietario de un Porche Cayenne, sería lugarteniente de Carlos García Morales, el ourensano fugado con residencia en Suramérica, Xinzo y Pereiro de Aguiar. Ambos entraron en la operación al final como hombres de confianza de los colombianos, tras varios intentos frustrados por parte de los dueños de la droga de introducir alijos en España.