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Cura de la parroquia de Madrid donde mataron a la mujer gallega embarazada

Francisco Santos: ´El bebé nació en la iglesia, entre dos cuerpos yacentes y casquillos de bala´

"Disparó y me vino la imagen de la matanza de Noruega, por eso corrí hacia él. Para evitar el pánico en una situación tan complicada hay que tomar el liderazgo y lo hice"

 
El sacerdote Francisco Santos. / efe
El sacerdote Francisco Santos. / efe 

U. FOCES | VIGO Francisco Santos, un escolapio bregado en las misiones del Congo, es el párroco de la iglesia de Santa María del Pinar de Madrid que debía oficiar la misa de San Miguel, el jueves, cuando un perturbado mató de un disparo a Rocío Piñeiro Oitavén, la joven gallega (de Fornelos) embarazada cuyo hijo sobrevivió mediante una cesárea en el propio templo. Iván Berral hirió también de gravedad a otra feligresa, María Luisa Fernández, antes de suicidarse de rodillas en el altar, y de cara a medio centenar de fieles. El sacerdote recuerda, tres días después, "el milagro de vida, en medio del horror y muerte que tuvo lugar aquí".

-Usted salía para celebrar la misa. ¿Cómo reaccionó?

-Salí por las detonaciones. Vi a dos mujeres sangrando en el suelo y a Iván en el altar con la pistola. Me faltó un segundo de decisión para tirarme contra él y desarmarle. Entonces se disparó. Me vino la imagen de la matanza de Noruega y temí que ocurriera lo mismo, por eso me quité el alba y corrí hacia él, para asegurarme de que no podía seguir disparando. Estaba ya muerto. Retiré el arma y fue al primero al que le di la extremaunción. En el pasillo estaba María Luisa, le acaricié la cara y le pregunté como estaba, estaba viva y Jesús Herranz y otros dos feligreses, que se portaron como héroes, ya estaban con ella taponándole las heridos. Recibió dos disparos. Seguí hacia Rocío.

-Estaba con su madre, a dos días de tener a su primer hijo.

-Carmina, su madre, iba unos pasos por delante de su hija cuando la dispararon. Se giró y al verla caer pidió que la ayudaran, que estaba embarazada. Al verla en un gran charco de sangre entró en estado de shock y rogaba que ayudaran a su hija. Nos pedía que llamáramos al marido de Rocío, a Federico, y lo hicimos. Toqué a la joven en la frente, estaba caliente y llamé a la policía y al arzobispo de Madrid, no quería que se enterara por los medios de comunicación. Para evitar el pánico en una situación tan complicada hay que tomar el liderazgo y lo hice.

-Y llegaron los efectivos sanitarios ...

-Los primeros en llegar fueron los policías. Un agente intentó reanimar a Rocío hasta que llegó el Summa (Urgencias médicas).

-Dos muertes y un nacimiento de urgencia en la iglesia. ¿Vivió algo tan duro en el Congo?

-He vivido situaciones muy complicadas, pero nunca como esta. El pequeño vino al mundo en los bancos de madera de esta iglesia, entre dos cuerpos yacentes, casquillos de balas ... Pero con todo el cariño de quienes estuvimos en su alumbramiento. No hay palabras para describir las emociones... Sí quiero destacar la actuación de los sanitarios y la médico del Summa. Yo di la extremaunción a Iván y a Rocío, y también bauticé a su hijo.

-¿Ha visto a la familia de Rocío Piñeiro?

-He hablado con ellos; también con María Luisa cuya vida no corre peligro y con la familia de Iván. El perdón y la misericordia de Dios es para todos.

-¿Qué mensaje le gustaría enviar?

-Uno de serenidad y confianza en días para tener la fuerza de voluntad suficiente para salir adelante. Un acontecimiento como éste, con tanto peso de dolor y de sinsentido nos cambia la vida a todos los que lo hemos sufrido. Rezo por Rocío y por su familia, para que encuentren consuelo, y por su bebé; pero también por el alma de Iván para que Dios le perdone.

María Luisa Fernández, la mujer de 52 años que resultó herida en el tiroteo de la iglesia de Santa María del Pinar, en Pinar de Chamartín, -en el que falleció la vecina de Fornelos de Montes embarazada de nueve meses- abandonó ayer el hospital de La Paz tras pasar tres días ingresada. Pese al alta hospitalaria, su recuperación todavía tardará un tiempo, ya que recibió dos disparos. Cuando fue trasladada al hospital presentaba cuatro heridas no penetrantes por arma de fuego y contusión pulmonar derecha.

En la UCI de neonatales del mismo centro hospitalario continúa ingresado el hijo de la fallecida, Rocío Piñeiro, que gracias a una cesárea urgente pudo salvar su vida. El hospital no difundirá información alguna sobre la evolución del niño "por expreso deseo de la familia".

Los familiares directos de la mujer asesinada siguen en Madrid a la espera de la evolución del pequeño Álvaro. Todavía está pendiente de evaluar su estado neurológico, ya que nació en parada cardiorrespiratoria, según informó la neonatóloga de guardia del Summa que le reanimó, Tamara Carrizosa.

Iván Berral Cid, el homicida de Rocío Piñeiro, tenía un largo historial policial por resistencia, atentado y tráfico de drogas durante los últimos veinte años, si bien no figura ningún historial de problemas psiquiátricos.

Su última pareja, una colombiana que está también embarazada, lo denunció por malos tratos el pasado mes de junio y se dictó una orden de alejamiento. Desde entonces, el hombre vivía en la calle como indigente pese a disponer de un piso valorado en 500.000 euros cuyo interior, además, había destrozado.

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