Proceso por un crimen que conmocionó a Galicia

El primer letrado de la acusada sostiene que el abuelo de Asunta "nunca" la vio como heredera

Juan Guillán indicó que el padre de Porto era reacio a adoptar - Al divorciarse, ambos progenitores querían la custodia

10.10.2015 | 01:43
Juan Guillán, ayer en los juzgados.

El porqué de la muerte de Asunta sigue siendo una incógnita. En los primeros momentos se pensó en el móvil económico, que la niña heredase el patrimonio de sus abuelos, un punto por el que el fiscal ha preguntado a varios testigos. Ayer le llegó la contestación más explícita, y de Juan Guillán, abogado amigo de su padre y quien apoyó legalmente a Rosario Porto tras su detención. Este explicó que el abuelo de la niña, con el que trabajó al principio de su carrera, no le dejó bienes. "En absoluto", proclamó. "Nunca" lo pensó, "ni se le pasaba por la cabeza", recalcó. "Por mucho que quería a la nieta, siempre era la hija a quien iba a nombrar heredera", explicó.

El testimonio de este letrado sirvió también para aclarar que la niña no llegó a la familia por un capricho de los padres de Rosario. De hecho, señaló, "el abuelo era "contrario" a la idea. Aunque luego, dijo, se le veía con mucha frecuencia con su nieta, "inicialmente" lo de adoptar "le parecía un poco precipitado" dado que "eran jóvenes y podían tener hijos".

Juan Guillán no solo asistió a Porto cuando fue detenida. También acudió a él cuando se planteó la demanda de divorcio, que además "no era amistosa", sino un contencioso "porque discrepaban en cuanto a la custodia de la niña". Guillán intervino al final del proceso, cuando se llegó "a un arreglo". En el tema económico no hubo problemas, porque el patrimonio "era de ella". Y en el de Asunta, explicó Guillán, "él cede". "Al final considera que la niña estaría mejor con la madre", explicó, "dado el nivel de vida y que él no le podría prestar las atenciones, económicas, que no afectivas, que la madre le podía prestar". En todo caso, el acuerdo incluía, reseñó, un régimen "flexible" de visitas.

Guillán fue el primer sostén de Porto tras su detención, que calificó de "sorpresa", en el tanatorio, cuando estaba, dijo, "toda apesadumbrada y deshecha". Entonces asumió el caso dado que no existían indicios de que tuviese que ver con la muerte de la niña. Si los hubiera, "no la hubiera asistido" o le habría dicho "que se negara a declarar" hasta no ser asistida por un especialista en penal.

Guillén también mencionó, a diferencia de otros testigos, que sobre la tarde en cuestión Porto no le dijo que la niña se quedara en casa, sino "que la dejó en la calle". "No subió con ella hasta el piso", añadió.

Este letrado que conocía al padre de Porto desde que empezó en la profesión, hace 43 años, también desgranó las excelencias de la acusada como madre (y destacó también que con su padre la niña mantenía una relación "normal"), en una línea que mantuvieron varios testigos ayer, convocados por su defensa, e incluso apuntó que le "criticaba" el "exceso, entre comillas, de afán que tenía" de mandarla a todo tipo de clases, aparte de las del instituto.

De ese centro comparecieron el tutor de la niña y su director. Ambos, junto a una madre convocada, reconocieron el activo papel de Porto en el AMPA y ambos fueron también los responsables de entregar a la policía la nota que envió Porto para justificar la ausencia de la niña el 18 de septiembre al enterarse de lo ocurrido con Asunta, aunque aquel día no le dieron importancia porque, como explicó el director, la niña nunca llegó "mareada" o "con somnolencia" al instituto.

La carta, firmada por Porto explicaba que su hija había estado vomitando por la noche por una medicación que le recetaron, pero la acusada apuntó que era una excusa y que tenía "unas décimas de fiebre". El fiscal destaca que esa ausencia se produce un día después de que alguien -los acusados niegan haber sido ellos- desconectara la alarma en Teo.

Por los juzgados también pasó el comisario de la Policía Nacional de Santiago, quien ratificó que un testigo compareció en la comisaría, tras conocer la tragedia, para decir que "había visto a la niña a las 19.30 de ese día" (del crimen) "en una calle de Santiago". Los agentes que lo recibieron lo reflejaron, dijo, en un escrito que le remitieron y que se envió al instructor. Ese testigo ya compareció para indicar que había visto a "una adolescente de rasgos asiáticos".

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