Los hijos de la asesinada en Becerreá estarán bajo la tutela de familia "cercana"

"Los servicios sociales están absolutamente pendientes de ellos", señalan desde la Xunta

13.02.2016 | 01:13

Los servicios sociales de la Xunta y de los ayuntamientos lucenses de Becerreá y Pedrafita están "absolutamente pendientes" de los hijos menores de la mujer asesinada el pasado sábado supuestamente a manos de su pareja, de 16 y 17 años, que prevén que permanezcan bajo la tutela de su familia "cercana". De este modo lo indicó ayer la secretaria xeral de Igualdade, Susana López Abella, que explicó que los servicios sociales específicos de la Xunta ya han hablado con la trabajadora social del municipio de Becerreá, que está "pendiente absolutamente" de los dos menores.

Además, explicó que los jóvenes tienen "familia cercana" tanto en Pedrafita, de donde era natural la víctima, como en Becerreá, por lo que se está trabajando con la intención de que la familia asuma la tutela. "Lo importante es proteger a esos niños que, como saben ustedes, tuvieron que ver como asesinaban a su madre", explicó.

Por otra parte, el teniente alcalde de Becerreá, Claudio Vázquez, prestó declaración ayer en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad para explicar cómo el jueves por la tarde convenció a José Manuel Carballo Neira de que se entregase y cómo fue a recogerlo en su propio vehículo, después de que éste supuestamente le hubiese disparado a su pareja, Ana Gómez Nieto. Según su relato, Vázquez recogió en su coche particular al supuesto autor del disparo que acabó con la vida de Ana Gómez y lo entregó en el cuartel de la Guardia Civil, después de que éste les confesase a él mismo y a uno de sus mejores amigos lo que había hecho.

Claudio Vázquez explicó que estaba con el amigo del supuesto agresor cuando Juan Carlos Carballo se puso en contacto con él para contarle lo que había sucedido en la casa que compartía con su pareja, en el lugar de Herbón. Entonces, el teniente alcalde, que se puso al teléfono, lo convenció para que los esperase en un punto determinado y para que dejase la escopeta que llevaba en las manos "aparcada" en un lugar en el que más tarde sería recogida por agentes de la Guardia Civil. "Se metió en el asiento trasero de mi coche, muy nervioso", precisó.

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