Cuando ya han transcurrido más de tres semanas desde el crimen de Ana Enjamio, la joven ingeniera asesinada en el portal de su edificio en Vigo a manos supuestamente de un compañero de trabajo con el que había mantenido una relación sentimental, la investigación prosigue confiada a varios laboriosos frentes como el de la telefonía móvil o el análisis de huellas y ADN. Hay mucho trabajo por delante, coinciden varias fuentes, de cara a armar de pruebas un caso que en el futuro acabará ante un jurado popular. Sin que por ahora se hayan encontrado -al menos no ha trascendido- dos elementos claves para las pesquisas, el arma y el teléfono de ella, de lo que se muestra convencida la Policía Nacional por testimonios recabados es que la cena de empresa donde la víctima y César Adrio coincidieron esa noche resultó el detonante y que, aunque el margen de tiempo no fue muy amplio, el sospechoso, confirman fuentes cercanas al caso, habría dispuesto de una hora y media para presuntamente preparar un crimen en el que los celos se barajan como móvil.

Esa hora y media sería el tiempo transcurrido desde que César se fue contrariado del festejo navideño a las tres y media de la madrugada hasta que ella llegó al edificio donde vivía, pasadas las cinco, y fue sorprendida en el portal. Para los investigadores, margen temporal suficiente para que él supuestamente se hiciese con el cuchillo y hasta se cambiase de ropa antes de acudir al inmueble a esperarla.

La instrucción del caso corre a cargo del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vigo, cuya titular, Paz Filgueira, decretaba el pasado 21 de diciembre el ingreso en prisión provisional del investigado, ingeniero igual que la fallecida, con la que había mantenido una relación de varios meses, noviazgo por el que este hombre de 38 años, según los testimonios que obran en la causa, habría puesto fin a su matrimonio. El 20 de enero se cumplirá un mes desde que la juez decretó el secreto de sumario, situación que es probable que se prorrogue al menos por el mismo período ya que aún se está en plenas pesquisas.

Obsesión

Para los investigadores, el único sospechoso estaba obcecado con la víctima. Tuvieron una relación y convivieron en un piso que él alquiló, presentándose ante el casero como pareja. Pasado el tiempo, ella superó el período de prácticas y se quedó en la empresa. El noviazgo acabó rompiendo, algo que él no habría asumido, provocando que se obsesionase con ella. La Policía estima que prueba de ello es que el fatídico día de la cena, de forma previa, César Adrio habría sido la persona que reventó con un punzón la rueda del coche de Ana. En ese momento su intención, según fuentes consultadas, sería que ella no pudiese ir en su coche a la fiesta y accediese a que él la llevase a casa.

Ella le contestó negativamente a ese ofrecimiento. El desarrollo de aquella cena resultó, consideran los investigadores, el detonante que llevó a este hombre a cometer presuntamente el crimen. Fue el primero en marcharse de la fiesta, en torno a las 03.30 horas. La Policía cree que tuvo tiempo suficiente para hacerse con el cuchillo incluso conduciendo hasta su casa en Candeán y que también habría tenido margen para cambiarse de ropa.