ANTONIO RICO
. n las Noticias de Cuatro, un jefe talibán explicaba, mientras sostenía su fusil, que Afganistán es un país ocupado por tropas extranjeras y que todos los invasores morirán, incluidos los soldados españoles. Mientras el talibán hablaba, Cuatro mostró imágenes de un muchacho con el cuerpo cubierto de explosivos preparado para morir cuando recibiera la orden. Cuatro es también la cadena que está reponiendo la descacharrante serie Cosas de marcianos. Lo de Afganistán no es descacharrante, pero sí es cosa de marcianos. No sé si alguien entenderá algo de lo que pasa en Afganistán. Yo no entiendo ni a los talibanes ni a las tropas extranjeras. Lo único que entiendo, y sólo porque he leído Sangre y rabia, un demoledor ensayo de Michael Burleigh sobre lo que él llama la "anatomía cultural del terrorismo", es por qué un joven es capaz de atarse a unos kilos de explosivos y suicidarse llevándose por delante a unos cuantos que pasaban por allí. Burleigh dice que, en lugares deprimidos como Afganistán, Gaza o Irak, el reconocimiento social y las ayudas y los regalos que reciben las familias de un terrorista suicida pueden hacer que matarse sea una opción profesional atractiva y una forma de promoción social para toda la familia o el clan. Sí, entiendo esta anatomía del terrorismo, pero me sigue pareciendo marciana. En realidad, todo lo que veo y escucho sobre Afganistán me parece marciano. Me gustaría preguntar al jefe talibán que en qué estaba pensando mientras miraba a la cámara en silencio, pero mucho me temo que, como le respondió Tony Soprano en una ocasión a su psicóloga, me diría que estaba pensando en que le gustaría coger un ladrillo y convertir mi cara en una puta hamburguesa. El pasado lunes vimos de nuevo en La Sexta la entrevista del Follonero a Otegi. Me dio la impresión de que Otegi se pasó todo el rato pensando en que le gustaría coger un ladrillo y convertir la cara del Follonero en una puta hamburguesa. Creo que Otegi y el jefe talibán sólo piensan en ladrillos y en hamburguesas mientras hablan de otra cosa, y así es imposible entenderse sin ser marciano. Aunque, pensándolo bien, no estoy siendo justo. Pobres marcianos.