ANTONIO RICO
. l comienzo del primer capítulo de Miénteme -el superestreno de Fox del otro día con pretensiones de convertirse en el superestreno de Fox de toda la temporada- promete, pero no sé el qué. El doctor Cal Lightman está interrogando a un sospechoso de haber colocado una bomba en una iglesia con la que pretende provocar una masacre; el abogado del sospechoso se encarga de que su defendido no diga ni media palabra; el científico comienza a recitar la lista de iglesias de la zona, hasta que al llegar a una de ellas se levanta seguro de que ha descubierto cuál es. La policía encuentra la bomba y la desactiva. El doctor Lightman está especializado en el análisis de microexpresiones faciales que le permiten saber con seguridad cuándo alguien miente, cuándo se pone nervioso, cuándo duda, cuándo teme ser descubierto, etc.
Microexpresiones faciales. Mooolan. A lo largo del capítulo vemos docenas en primerísimo plano y cámara superlenta. Pasarían desapercibidas para la inmensa mayoría de la población, pero no para Lightman y su equipo. Ni para mí después de haber visto el estreno de Miénteme. Veo a Iñaki Gabilondo en el arranque de su nueva temporada en Cuatro y reparo en una levísima elevación de la barbilla que realiza durante medio segundo justo antes de desviar su mirada hacia Silvia Intxaurrondo. Mmm... está disimulando. Matías Prats mira fijamente a la cámara, pero analizando fotograma a fotograma sus microexpresiones faciales se puede apreciar una mínima tensión en la comisura de los labios durante una de las frases. Miente. Ana Pastor (¡qué lujo para la televisión pública!) entrevista a Trinidad Jiménez en los nuevos Desayunos de RTVE; todo va bien hasta que se toca fugazmente la oreja izquierda con la mano. Está ocultando algo. Soy un discípulo de Lightman. Atiendo a los microgestos de las personas cuando hablan. Pero atiendo tanto que no me puedo fijar en el contenido de lo que están diciendo. Gabilondo, Prats y Pastor mienten, pero, carajo, acabo de darme cuenta de que no sé sobre qué.