ANTONIO RICO
Reforma sorpresa, Reforma sorpresa..., si algo me pide el cuerpo es someter Reforma sorpresa a reforma sorpresa. Pero no será hoy. Eso ya lo harán los programadores de Cuatro cuando un día de éstos hagan números y vean que los ingresos por publicidad no dan para pagar a tanto decorador, tanto sofá y tanta lámpara de luz indirecta. De hecho, ya están tardando. Estos días, otros espacios de media tarde recién estrenados han desaparecido tan rápido que no dispusieron de tiempo suficiente para fracasar en condiciones. Los exitosos Pells y Somos cómplices eran tan malos que ni tuvieron la oportunidad de buscarse un huequecito entre las preferencias de los que ponen la tele para dormir la siesta.
Cómo no iba a apetecer hacerle una reforma sorpresa a Reforma sorpresa, si sufrió esta reforma Somos cómplices, que era horroroso, vale, pero contaba con la participación de Larry Hagman, el actor que interpretó a J.R. en Dallas, que protagonizó el capítulo más visto de la historia de la televisión en España (¿Quién disparó a J.R.?), que incluso fue parodiado en el único capítulo doble de la historia de Los Simpson (¿Quién disparó al Sr. Burns?). Sí, amigos, me muero de ganas de someter Reforma sorpresa a reforma sorpresa y transformarlo en un concurso de lanzamiento de huesos de aceituna, a ver qué cara se le quedaba a Nuria Roca.
¿Y esta mala baba hacia Nuria Roca a qué se debe? A que se está repitiendo. Ahora reforma casas poniendo sofás y lámparas de luz indirecta para ver la cara de felicidad que pone la gente que no se lo esperaba, pero hace unos meses hacía algo muy parecido en Perdidos en la tribu: hacía reformas poniendo chozas y taparrabos a personas que ya no viven en chozas ni usan taparrabos para que, así, los espectadores pusiéramos cara de felicidad al comprobar que las tribus de hoy siguen siendo igualitas que las que veíamos en las películas de Tarzán y Las aventuras de Tintín.