ANTONIO RICO
Yo, como usted, y usted, y usted el del fondo también, odio Jálogüin. Me siento un poco ridículo iniciando una columna con una obviedad de este calibre, pero vivimos tiempos difíciles. Odiaba Jálogüin cuando lo veía en las películas yanquis y no sabía muy bien lo que era. Odio Jálogüin ahora que a base de encontrármelo en España hasta en el papel higiénico sé perfectamente lo que es e intuyo aterrado lo que será. El Grupo de Seguimiento de Catástrofes y Celebraciones Culturales, dependiente del Ministerio de la Vivienda, gradúa en una escala de 1 a 5 la peligrosidad social de este tipo de fiestas; la categoría 5 -que hasta ahora sólo ocupaban la Navidad y el verano- se aplica cuando aparecen programaciones televisivas especiales asociadas a la celebración en cuestión. Ya ha ocurrido: hoy comienza la programación especial de Jálogüin en todas las cadenas Disney de por aquí, en las cadenas Turner -TNT, TCM, etcétera-. Cuatro anuncia para este fin de semana la emisión de coñazos como Pesadilla antes de Navidad o El fin de los días y El coche fantástico, a ver si no dan miedo los pantalones de Deivid Jáseljof.
Decía Chesterton que el problema que existe con el catolicismo es que cada vez que desaparece es sustituido por algo peor. No estoy de acuerdo con esta afirmación 363 días al año, pero confieso que me vuelvo un chestertoniano radical el 31 de octubre y el 1 de noviembre, cuarenta y ocho horas en las que últimamente añoro melancólico aquel difunto Día de Todos los Santos y aquel santo Día de Todos los Difuntos que nos daban muy pero que muy poquito la lata y no tenían mayor dimensión comercial que la de las buenas señorinas con flores instaladas a la entrada de los cementerios. Siempre será mejor el catolicismo descolorido y en retirada que el oscurantismo chillón y rampante. Decidido: me pasaré el fin de semana leyendo la Noche oscura del alma, de San Juan de la Cruz, y no encenderé ni un segundo la televisión -salvo que me entere de que Antena 3 va a emitir algún especial de Jálogüin de Los Simpsons, claro-.