ANTONIO RICO
. mpate. Pero empate empatado del todo. No un empate técnico ni un empate aproximado. No un resultado tan parecido que parezca un empate. El enfrentamiento entre Buenafuente y Wyoming que tuvo lugar el pasado jueves en la Sexta terminó con un empate clavado. Se intercambiaron sus respectivos programas por un día y al término del tiempo reglamentario el marcador informaba de un empate exacto: cada uno condujo el espacio de su rival con la misma brillantez que el otro y con la misma brillantez con la que conduce su espacio propio a diario. El juez de silla pidió el ojo de halcón: empate. Se recurrió a la foto finish: igualdad absoluta en el momento en que las barbillas de ambos showmen cruzan la línea de meta. Empate irresoluble.
Tan irresoluble, tan igualado que ya ha empezado a circular todo tipo de rumores por la Red. Uno de los más comentados asegura que en realidad El intermedio lo presentó Wyoming y Buenafuente presentó Buenafuente, aunque gracias a efectos especiales por ordenador se sobreimpresionó todo el rato la cara del presentador visitante sobre el cuerpo del presentador local. Al parecer un internauta robó 14.000 emails que se intercambiaron estos días Andréu y Elgrán en donde esto queda probado. También se habla de una red de apuestas ilegales en la que los propios presentadores habrían empeñado sus dineros apostando por un empate que resultaría haber estado amañado. Y en ciertos foros se asegura que escuchas ilegales realizadas por el mismísimo Rubalcaba con el sistema Sitel desvelan que Andreu Buenafuente y el Gran Wyoming son en verdad la misma persona, que de lunes a jueves presenta a las 9 El intermedio en Madrid y luego viaja en avión privado a Barcelona para presentar el late night de la Sexta.
Tengan razón unos u otros, está claro que ha estallado el Sextagate. Y puestos a pensar en conspiraciones, ¿habrá sido la maravillosa noche del jueves una tapadera para evitar que se siga hablando del escándalo del call tv de la cadena verdiblanca?