ANTONIO RICO
Han empezado a aparecer en mi televisor anuncios llenos de copos de nieve, imágenes de fiestas y familias que se reúnen henchidas de felicidad. Qué curioso, pienso. Miro el calendario: 4 de diciembre. San Juan Damasceno. ¿Desde cuándo se celebra la festividad de San Juan Damasceno con copos de nieve? A lo mejor han puesto los anuncios hoy pero la fiesta es mañana: 6 de diciembre. San Sabas. ¿San Sabas? ¿Sabas es un nombre? ¿Hay un santo llamado así? ¿Hay alguna celebración que relacione a San Sabas con la nieve en copos? ¿Y si es por el próximo finde y han comenzado los anuncios con una semana de antelación? A veces los programadores televisivos son muy previsores. Sábado: Nuestra Señora de Guadalupe. Domingo: Santa Lucía. Llamo al Servicio de Atención al Cliente de La Antenacinco. Me atiende un encargado. A partir de ahora las frases impares las dije yo y las pares me las contestó el encargado. Disculpe, ¿estos anuncios...? ¿A qué se refiere? ¿Que por qué ponen estos anuncios? Coño, los anuncios de Navidad. No, no, yo digo los que han puesto hoy, no los que pondrán dentro de veinte días. No le entiendo. Vuelvo al modo narrativo habitual. Entre el 5 y el 25 de diciembre transcurren veinte días, veinte santos que han quedado sepultados por la Natividad de Nuestro Señor. ¿A que molesta, Santa Leocadia (9 de diciembre)? ¿Pensabas que iba a ser así cuando escribiste Cántico espiritual, San Juan de la Cruz (14 de diciembre)? ¿Por qué no te moriste en agosto, San Pedro Canisio, en vez de hacerlo un 21 de diciembre en el que no se acuerda de ti ni el Tato? Pues si os fastidia a vosotros, San Urbano, San Valeriano, San Juan de Kety, que estáis más fiambres que el choped del Eroski, imaginad a nosotros, los que tenemos que aguantar vivos la milonga televisiva casposa de la Navidad de mis gónadas desde unos días antes cada año, una semana antes por lustro. Y tú no te rías, San Teofredo (18 de noviembre). Pronto llegará tu hora. Y el encargado de La Antenacinco seguirá sin entender nada.