La jubilación no es cosa de la Preysler

Cumple 65 años en plena forma: sus famosas parejas nunca han logrado restarle un ápice de protagonismo

21.02.2016 | 03:45
Preysler y Vargas Llosa, hace dos semanas, en la gala de los premios Goya del cine español

Hubo un tiempo en el que se decía que la hijas de Isabel Preysler (Ana, Tamara y Chabeli, ordenadas en este caso de menor a mayor) eran un calco o se parecían mucho a su madre. Luego, en un momento determinado, se cambió y empezó a decir que Isabel Preysler es la que se parece a sus hijas. Y así hasta la actualidad. Es una forma de resumir la evolución estética de la matriarca de uno de los clanes más famosos, rentables y permanentes en el mundo del famoseo: ella no envejece, solamente lo hacen los que están a su alrededor; ella incluso mejora con el paso del años. Y pese a quien le pese.

Es fácil encontrar un titular para la celebración del sexagesimoquinto cumpleaños de la Preysler (así la llama y la conoce el pueblo llano): ella no se jubila. A una edad a la que la inmensa mayoría de los mortales llega con el retiro en la mente, a ella le queda a años luz. No, que no cunda el pánico, pero sencillamente Isabel Preysler no se jubila. ¿De qué? Preguntan muchos. Pues de lo suyo. Cada cual que lo defina a su gusto.

La Wikipedia pone que es periodista, presentadora de televisión, modelo y socialité. No figura lo de empresaria, aunque ahora comercialice cremas, por lo visto, no con todo el éxito esperado. Puede que hayan sido las cremas, la buena genética, la cirugía... Pero nadie niega que Isabel Preysler llega a los 65 años de edad estupenda. Determinar el momento en que la guapa filipina (Manila, 18 de febrero de 1951) empezó a parecerse a sus hijas y a ser difícil distinguir quién es quién en las fotos de las revistas cuando hacen los posados familiares es difícil, pero se puede centrar en la "época Boyer".

Su largo y tranquilo matrimonio con el difunto economista y exministro socialista (1988-2014) le facilitó una transición serena de la juventud a la madurez, dicen los expertos en su vida, con tiempo para cuidarse y redefinirse a una edad (con Boyer se casó a los 37 años y quedó viuda a los 63) en la que ya toca. Y a juzgar por el resultado, lo ha hecho bien, pues hasta ahora nadie le hace sombra.

El poder e influjo de la Preysler es tal que ninguno de sus tres maridos y su pareja actual, todos con un nombre, fama y un oficio destacado, no han logrado restarle un ápice de protagonismo. Un cantante, un marqués, un economista y ministro y un premio Nobel. Ninguno le ha hecho sombra.

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