Transparencias, terciopelo y movimiento reinaron en el desfile de Valentino, que convirtió a sus modelos en bailarinas, en otra elegante muestra de los diseñadores Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Piccioli, quienes mantienen a la firma italiana en lo más alto de las casas de costura.

Una colección delicada con el rosa en distintas variedades cromáticas como protagonista, acaparando largos vestidos en seda y organza adornados con pedrería y volantes, donde los "tutús" se convirtieron en tops.

La danza, la energía y el movimiento de los vestidos de ballet fueron la inspiración de Chiuri y Piccioli, que confeccionaron prendas fluidas con discretos estampados.

Incluso los accesorios formaron parte de la escena de baile: medias de seda y bailarinas planas o de tacón, pero que imitaban la forma de los auténticos zapatos de las profesionales.

Olivia Palermo y la actriz Dakota Fanning fueron algunas de las invitadas que acudieron al desfile vestidas por la propia firma, en un evento celebrado en la parisina Place Vendôme, donde se encuentran las mejores joyerías de París y algunas de las casas de moda más célebres, como Schiaparelli.

Y una gran fiesta fue el desfile de Chanel que inauguró la penúltima jornada de esta semana de moda acogiendo entre sus invitados a personajes conocidos como Jada Pinkett Smith y su hija Willow Smith -esposa e hija del actor Will Smith-, el cantante Pharrell Williams y la actriz española María Valverde, entre otros.

En una instalación rodeada de espejos a lo largo de toda la planta del impresionante Grand Palais, miles de sillas compusieron varias decenas de pasillos a modo de pasarela por el que caminaron las modelos, dando a todos los invitados una vista privilegiada.

Una colección cargada de tweed, el tejido estrella de Mademoiselle Coco, que inundó trajes de chaqueta y falda en siluetas largas y rectas, pero también accesorios, como unas botas de estilo hípica, con una apertura a la altura del tobillo.

Para alternar con el clasicismo de este tejido, las telas metalizadas tomaron importancia en buena parte de la colección, vistiendo de arriba a abajo vestidos y conjuntos de chaqueta aunque también en pequeños detalles, como mangas o complementos.

La prenda fetiche del desfile fue un sombrero de caja baja con reminiscencia ecuestre, en tweed y en piel, y las botas, altas y rectas, similares también a las utilizadas en hípica, alguna con una apertura en el tobillo y estampadas a juego según el diseño al que acompañaba.

Según dicta la pasarela parisina esta temporada, los abrigos de pluma serán el "hit" del próximo invierno, como también mostró Chanel que los utilizó con su icónico efecto acolchado pero también en versiones más cortas, a modo de torera, como el modelo rosa pastel que lució la top internacional Kendall Jenner.

Y de los antiguos salones de costura de París al lejano oriente con Shiatzy Chen, que se inspiró en "Viaje hacia el oeste", uno de los cuatro libros más importantes de la literatura china, en el que Tang Sanzang y sus discípulos se enfrentan a situaciones insólitas.

Bordados, estampados y materiales únicos con las pinturas a mano diseñadas en seda por el artista taiwanés Inca Pan, que ya colaboró con Shiatzy Chen la pasada temporada, en una colección como siempre armoniosa y que se aleja de todos los convencionalismos del resto de pasarelas.

La marca continuó buscando el perfecto equilibrio entre Oriente y Occidente en prendas que destilaron el espíritu rebelde sin causa de Sun Wukong, uno de los protagonistas de esta obra china, mediante "bombers" de seda, faldas de encaje y piezas de cuero trabajadas con piel y brocados