20 de enero de 2012
20.01.2012
Filósofo y catedrático de Estética

Félix De Azúa: "Me he ido de Cataluña para que mi hija no sea escolarizada en el odio a los españoles"

"El PSOE, a menos que se produzca un cambio brutal y podamos volver a votarlo, nunca más va a volver al poder. La única ambición de Rubalcaba y Chacón es la de quién se queda con los sueldos"

20.01.2012 | 09:34
Félix de Azúa, ayer, ante la sede de la Fundación Barrié. / juan varela

Asfixiado por el nacionalismo, ha dejado Cataluña y se ha "exiliado" en Madrid para que su hija no crezca en "el odio a los españoles". Hace seis meses, Félix de Azúa (Barcelona, 1944) se fue a vivir a la capital de España con su mujer, una joven arquitecta de Oviedo que acaba de darle su primer hijo, una niña que apenas tiene treinta días de vida. Azúa, uno de los nueve poetas 'Novísimos' de Castellet en 1970, destacado miembro de la 'gauche divine' barcelonesa de aquellos años, filósofo y catedrático de Estética de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, estuvo ayer en A Coruña para dar una conferencia en la Fundación Barrié sobre 'El paisaje de la subjetividad'

-Ha cambiado de paisaje, ¿cómo le sienta Madrid?

-Soy feliz. Debo ser el único que se siente en Madrid feliz. La gente de Madrid habla pestes de Madrid, y a mí me encanta.

-¿Cataluña le resultaba irrespirable?

-Hacia mucho que tenía la impresión de que en Barcelona estaba perdiendo el tiempo. Las cosas que a mí me interesan ya no pasan por allí. Durante años, algunas cosas del mundo pasaban por Barcelona; ahora ya no pasa absolutamente nada si no has nacido en Olot o en Gerona y, con mi mujer, tomamos la decisión de que a nuestra hija teníamos que educarla en un lugar donde pasasen cosas y, como no podíamos irnos a Nueva York porque es muy caro, nos fuimos a Madrid.

-No está dispuesto a que su hija sea escolarizada en catalán.

-No es que no quiera que sea escolarizada en catalán, lo que no quiero es que sea escolarizada enseñándole odio a los españoles.

-¿No quería que le pasase lo que a un amigo suyo, cuyo hijo de ocho años le preguntó '¿papá, nosotros qué somos, fachas o catalanes'?

-Es absolutamente real, lo cual da una idea de lo que se aprende en el colegio.

-Usted dio clase en la Universidad hasta jubilarse hace poco, ¿hay allí también ese clima?

-Yo estaba en la Politécnica que, por su propia estructura, no puede ser asfixiante porque los profesores están acostumbrados a vivir la competencia internacional y se escoge a los mejores de cada especialidad. En otras universidades catalanas no es así: si buscan al mejor experto en sánscrito y resulta que es de Valladolid, no lo contratan, prefieren a un experto en sánscrito nacido en Villanueva y la Geltrú.

-Despotrica del nacionalismo catalán desde hace años, ¿por qué ha tardado tanto en irse?

-Porque tenía la confianza, o la esperanza, de que en algún momento se reaccionase en contra de esa gente que ama tanto a Cataluña que la está destruyendo, pero sucedió algo impensable: el Partido Socialista Catalán se pasó directamente a la derecha nacionalista. Eso dejó absolutamente desconcertados a los que confiábamos aún en que fuera un partido nacional español. De pronto, resultaba que el PSC era primero catalán y luego socialista. Ahí empezó la debacle. Aguanté unos años para ver si se enmendaba pero ha ido a peor, y me fui. Pero no solo yo, no sabe los miles de catalanes que están viviendo en Madrid.

-¿En Madrid acusa un nacionalismo español?

-Yo lo del nacionalismo español no lo entiendo. Claro que hay nacionalistas españoles, y son exactamente iguales que los nacionalistas catalanes pero todos los demás no somos nacionalistas españoles.

-¿El 'descalabro' del PSOE es equiparable al de UCD?

-Creo que sí, aunque se verá con mayor claridad dentro de un par de años. Los equiparo porque no creo que levante cabeza. El PSOE, a menos que se produzca un cambio brutal y podamos volver a votarlo, nunca más va a volver al poder. Los signos van por ese camino: ahí están Rubalcaba y Chacón proclamando el debate de ideas, cuando lo único que debaten es quién tiene el carné más antiguo. Vergonzoso. Es un debate de personalidades con la única ambición de ver quién se queda con los sueldos.

-Usted fue votante del PSOE hasta que en 2006 suscribió el manifiesto de Ciutadans, ¿ahora vota a Rosa Díez?

-En las últimas elecciones voté a su partido allí, Ciutadans. En realidad, hubiera preferido no votar, pero me parece feo no hacerlo.

-No se siente representado.

-No, yo pertenezco a una generación que tiene unos valores muy claros: educación, cultura, libertad y justicia. No hay ningún partido que hable de estas cosas ahora y los de izquierda se lo saltan a la torera. Un partido nacionalista no puede creer en la justicia porque es partidario de la nación. Lo decía en una entrevista Jordi Pujol: 'prefiero catalanes nazis, pero catalanes'. ¿Libertad? Los partidos de izquierda solo hablan de libertad por chorradas. ¿Cultura y educación? Se las han cargado. ¿Qué tienen de izquierdas entonces?

-Se declara de los pocos de su generación que quedan de izquierda.

-Somos muchos y estamos hartos. Algunos empleamos un lenguaje que se aproxima al sarcasmo y otros se callan. Tengo cientos de amigos que están en una posición igual a la mía: 'la izquierda ha muerto, viva la izquierda'. No nos podemos identificar con esta izquierda que cada vez es más de derechas y ha traicionado los valores de libertad, justicia, educación y cultura para hablar de derechos sexuales o de las minorías que no son más que cortinas de humo para no hablar de las verdaderas cuestiones.

-¿Considera que Zapatero ha sido dañino para España?

-Espantosamente dañino. Posiblemente, el presidente más dañino de todos. Dañino porque ha arruinado el país de la manera más brutal, porque ha hecho a los nacionalistas catalanes concesiones impresionantes, porque ha permitido la entrada de Bildu en el Parlamento... La lista es inacabable pero lo más imperdonable es que dio rango de Estado a la estupidez. Puso como modelos a ministros a gente absolutamente inútil, a personas inconscientes, triviales, sin preparación y de mente raquítica.

-'No parece que entre las generaciones de menores de 50 años vaya a salir una aportación política o moral', ¿lo cree así?

-Es evidente. Los que valen no se van a dedicar a la política porque ya han visto cómo funciona, pero pueden intentarlo en el terreno extraparlamentario. Lo hicieron los del 15-M pero hoy es tan fácil manipular a grupos y masas que han durado medio año y han sido devorados por los topos de Izquierda Unida. La política es un mundo que hay que abandonar, cada día se parece más al mundo sindical. Hay que soportarlos y hay que financiarlos aunque sean unos parásitos; destruirlos sería mucho más difícil.

-¿Para ir hacia dónde?

-Volvemos a estar en una época muy parecida al franquismo: la densidad de explotación, de opresión y de estupidez es muy parecida, por lo cual para mí la negación es ya un valor en este momento.

-Si lo que tenemos no es crisis, según usted, ¿qué es?

-Una cosa es que se llame crisis y otra que lo sea. Rezo para que sea una crisis porque las crisis terminan. Me parece indudable que estamos ante un cambio de sistema y como otros cambios de sistema acabará con los privilegios de mucha gente. Al principio va a arrasar injustamente a muchísima gente débil que no se lo merece, pero quiero creer que los hijos de esta gente van a entrar en un mundo muchísimo mejor organizado.

-¿Se ha vuelto un optimista, cree que su hija va a vivir un tiempo mejor y más justo?

-Me he vuelto optimista desde que la tuve, desde el momento en que cambié biológicamente y me convertí en un padrazo que casi va enseñando fotos de la niña en el autobús.

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